Igmorada por quienes se lo deben todo, JK Rowling -la creadora del Universo de Harry Potter- ha sido acusada de transfóbica o transexcluyente por opinar en redes sociales sobre tema tan sensible en contra de la corriente oficial. Pasó hace unos meses, pero ahora, que se ha estrenado el documental que recuerda la saga, "Regreso a Hogwarts" JKR casi ni aparece. La acusación es injusta pues de su opinión cualquiera podría concluir que está llena de sentido común. O no, que de todo hay, pero en todo caso no era ofensiva. Los actores, niñatos que sin la autora hoy serían perfectos desconocidos, ofendiditos ellos, se lanzaron al cuello y la denostaron sin piedad en cuarenta caracteres, que es una forma cobarde de tirar la piedra desde la distancia. JKR se quiso explicar pero no hubo manera, ya estaba condenada por el tribunal de justicia de las redes sociales donde cualquier idiota dicta sentencia con total impunidad. Lo cierto es que la respuesta en contra de JKR fue unánime, lo que demuestra el terror que provoca esta nueva Religión del Género. Una cosa es respetar la diversidad, luchar por la igualdad de sexos o denunciar las situaciones de discriminación, y otra muy distinta tragar con el Catecismo del Género, que no admite discusión ni debate. Esta es la nueva y sutil Inquisición del siglo XXI que no te quema en la hoguera pero te condena a la muerte civil. Por eso, ninguno de los valientes que le deben la carrera a JKR ha salido en su defensa, no vaya a ser que los marginen en el futuro. Nada hace pensar que las cosas vayan a cambiar en los años venideros, más al contrario, la estupidez de los enemigos de la libertad y el sentido común gana posiciones. Lo vemos cada día en miles de ocurrencias de la factoría de ideas de esta nueva policía del pensamiento. Solo nos queda resistir. Quien resiste, vence.

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