Análisis

Nicolás montoya

Incienso en Ikea

La Semana Santa este año ha tardado mucho en llegar. Buena idea de los directivos, porque así aseguramos buen tiempo y más brillantez en la calle. A más luz, más claridad. Como las coincidencias no existen, además asistimos a una buena puesta en escena. Entre la rendición de un prendimiento nostálgico donde los haya, y lo que se forma alrededor de una salida diferente desde hace décadas, estamos en lo más parecido a una revuelta anarcosindicalista de finales del siglo XIX como si estuviésemos rememorando los sucesos de la Mano Negra de la calle Benavente. Movilización del pueblo, exageraciones de las instituciones, mentiras piadosas, juicios sumarísimos y reconstitución de lo establecido por las hordas del poder. Y como pasa con todo lo que se refiere a la historia, las comparaciones acaban siendo no muy buenas consejeras. Si no, que se lo digan a Pemán, García Lorca, o a Gloria Fuertes. Últimamente en el candelabro por diferentes motivos. Vamos, que si nos dijeran que mañana Viernes Santo, coincide, este año, con una nueva celebración del día de la República, estaríamos apostando fuerte por el flashback más exquisito sobre la memoria histórica que jamás hemos tenido ocasión de presenciar. Una nueva forma de entender las coincidencias. Desde los arrabales, pasando por las piedras de la muralla, las calles estrechas, las cuestas de adoquines, los regueros de cirios o la diversidad de túnicas. Que si nos dicen que los reinos de taifas habían reconquistado la ciudad en este siglo XXI, los borbones habían firmado acuerdos con los franceses o los nobles jerezanos habían tenido que emigrar por culpa de alguna que otra guillotina, estaríamos hablando de muchas mixturas de ver la vida, aun en pañales ante tanta república independiente de cada casa. Ahora que Ikea se quiere expandir.

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