Si hubiera sido un invitado al acto que Pablo Casado protagonizó el pasado viernes me hubiera sentido decepcionado e, incluso, utilizado. Les explicó. En un primer momento, el acto se presentó como un encuentro para hablar de oportunidades para el empleo; luego se transformó en una presentación del proyecto de Casado para España y acabó siendo un discurso del presidente del PP para el Telediario de las tres de la tarde donde habló más de Cataluña y del ejecutivo de Pedro Sánchez que de su propuesta de alternativa de gobierno. Y lo digo porque su compromiso de rebaja de impuestos y de un mayor intervencionismo estatal en educación se quedaron cortos para el presunto objetivo del encuentro. Sinceramente, los partidos abusan de los colectivos de toda índole y condición invitándoles a actos que acaban siendo mítines, un pecado que lo comete no solo el PP sino también el resto de partidos. Por ello, si fuera representante de algún colectivo, no acudiría a invitaciones de este tipo hasta después de las elecciones.

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