En los primeros días de Agosto, volvemos a reencontrarnos con la infancia si la pandemia nos deja esta vez. Recuerdos y días repetidos años tras años. Las polis griegas quedan muy atrás y la memoria histórica se ha olvidado de ellas, pero ciudades como Jerez se parecen a esas polis fortificadas con murallas y con salidas controladas, esas que no evolucionan, esas que se desperezan a cámara lenta en las mañanas de Agosto, en las que la playa es un mero motivo para huir del asfalto, donde las noches son más vivibles que en otra época del año y para colmo, esas que no tienen nada en común con los juegos olímpicos que de nuevo han aparecido en las pequeñas pantallas para dejar constancia de la verdad del esfuerzo para conseguir las metas. Desde pequeños soñábamos con un mundo más justo. Cada uno ha intentado conseguirlo con sus medios, pero lo cierto es que si algo nos deja la lección permanente de la vida es que poco esfuerzo hacemos en las carreras o en los saltos diarios a los que nos enfrentamos por culpa de nuestra falta de espíritu olímpico. Si los ciudadanos de Olimpia levantaran la cabeza harían mutis por el foro y volverían a creer en sus dioses mitológicos. Y no hablemos del barón de Coubertin o de san Dionisio. Enfrascados en peleas de sucedáneos de partidos políticos, haciendo del dinero el más ruin de los dioses, difamando por gusto, asesinando, maltratando por norma o golpeando sin piedad los valores de una sociedad quebrada, nos movemos en el filo de la navaja, sin competir para nada, sin entrenarse en la piscina para obtener medallas, sin ayudar al contrincante y sin pasar eliminatorias para llegar a alguna final. Eso tan consabido de que lo importante es participar o que la recompensa se consigue en el mismo esfuerzo no parece saberse por estos lares. Los juegos olímpicos tienen muchas virtudes pero sobre todo una, la de querer trabajar por conseguir metas para que la recompensa satisfaga por el mero hecho de haberla luchado. Muy lejos de los valores actuales que cada día vemos a nuestro alrededor, aquí y en Tokio.

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