Línea de fondo

Santiago Cordero

Santiago.cordero@jerez.es

La jaula de oro

Los contratos están para cumplirlos

Si tenemos un conflicto entre un jeque qatarí y musulmán y un joven negro hijo de un inmigrante camerunés y una argelina, casi por exigencias culturales muchos otorgarán el papel de malo al jeque y pocos al negrito hijo de inmigrante, porque para eso estamos llenos de prejuicios.

Venimos leyendo y escuchando a la prensa deportiva patria que el presidente del PSG, a la sazón jeque catarí Al-Khelaifi, tiene encerrado en una jaula de oro a la joven estrella del fútbol francés y mundial Kylian Mbappé. Se supone que el jugador estaría interesado en ser traspasado al Real Madrid y el máximo responsable del equipo parisino no está por la labor. Esto obligaría al jugador a quedarse en el PSG cobrando sus  18 millones de euros que firmó en 2017. Se dice, pero es algo no confirmado, que si se niega a firmar un nuevo contrato, Kylian no jugaría, aunque de momento es titular y está marcando goles. En conclusión, en esta historia el jeque tiene encerrado a Mbappé y no le deja marchar para seguir creciendo como jugador.

Ya sabemos que todas las historias tienen el sesgo del que la cuenta. En este conflicto estuvo Messi todo el año pasado, con burofax de por medio. Al final, Messi se quedó en su jaula de oro y diamantes (unos 71 millones de euros) y una vez terminada la temporada y una serie de reuniones de por medio, ha volado con su familia, en su jet privado, a Paris para firmar como jugador del PSG.

Si se repasan las hemerotecas, podremos descubrir a un jovencísimo Mbappé con una sonrisa de oreja a oreja firmando su contrato con el PSG  junto al jeque Al-Khelaifi. Lo mismo pasó con Messi cada vez que ampliaba el suyo y suele pasar con todas las estrellas que firman megacontratos. Si luego no les dejan irse, el presidente de turno es el malo o, por el contrario, si el club quiere desprenderse de uno de ellos, apelan hasta la saciedad el cumplimiento de lo firmado. Bale y el Real Madrid serían el caso paradigmático.

Los contratos están para cumplirlos y de la mejor forma posible por ambas partes y, en su defecto, para intentar romperlo de manera legal, es decir, tras acuerdo entre las partes. Todo lo demás suelen ser egos de las grandes estrellas de fútbol y sus jaulas (casas, coches, aviones, negocios) de oro.

Cosa distinta es que no existan trabajadores dispuestos a entrar en jaulas con barrotes de hierro, como clamaba esta pasada semana un empresario de la hostelería. Una cosa es que la cosa esté muy mal y otra bien distinta es ofrecer condiciones laborales y sueldos muy por debajo de los mínimos legales exigidos. Siempre nos quedarán los culebrones del Real Madrid y del Barça, donde nos contarán que los ricos también lloran.

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