El mundo está lleno de palmeros. Y las redes sociales ni les cuento. En todos los ámbitos hay quienes están dispuestos a elevar a los altares aquello que comulgue (con perdón) con sus ideas. Es el caso de la entrevista amable de Évole a Maduro, tan criticada y denostada a partes iguales. En este mundo dicotomizado, donde la gama de grises hace ya mucho que se perdió, resulta evidente que quien ejerce de palmero también lo hace de hostigador, de troll, de lo que haga falta con tal de castigar a quien piense contrario. Es el hobbie y, para algunos, su profesión. Nos creemos que hemos avanzado pero, a cada año que pasa, más valor adquiere esa alianza de políticos de todo signo que permitió la salida de una dictadura y la entrada en una democracia. Muchos de los nuevos intelectuales quieren restar importancia a aquella proeza política. Y en cierto aspecto se les entiende. Con el carácter que muestran, con su escasa cintura, llegar a una política de términos mayúsculos es hoy en día una simple entelequia.

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