Ni se quieren enterar y parece importarles un bledo lo que puedan perjudicar a sus semejantes, que por lo visto ellos se consideran inmunes a cualquier peligro posible, lo que les impulsa a ir por la vida poniendo en peligro cierto la de los demás.

Hablo de esa panda de irresponsables, la mayoría jóvenes aunque también muchos bastante mayorcitos, que nos cruzamos por las calles de Jerez con la mascarilla como si del barbuquejo se tratara. Cuando no sin ponérsela o exhalando plácidamente el humo de su cigarro, lanzando a la atmósfera no solo las gotitas de su respiración sino, todavía peor, dejando en el aire las microscópicas partículas de saliva que ahora llaman aerosoles que pueden ser como un arma mortal para quienes simplemente tengan la desgracia de cruzarse en su camino.

Y no es que sea este fenómeno exclusivo de nuestra ciudad; que por desgracia es ya conducta extendida y habitual por lo que nos cuentan en todas partes. Pero como a uno lo que ciertamente le preocupa y ocupa es cuanto sucede aquí, no puede por menos que denunciar a quienes ejercen impunemente esa insolidaria actitud en nuestro pueblo, poniendo en riesgo la vida de los demás, en su deambular por la vía pública, en las terrazas de los bares, en los transportes públicos o en las 'botellonas' y en cualquier lugar donde la afluencia de personas haga posible un contagio que tan solo en la primera quincena de este mes de octubre se ha llevado por delante la vida de seis personas, la cifra más alta desde el pasado mes de mayo en Jerez. Defunciones que vienen a sumarse a las que desde marzo, cuando el peligroso y mortal virus se hizo presente entre nosotros, había causado.

Y no será por las llamadas de atención de los médicos, de las autoridades responsables de la salud pública y en general de todos los organismos preocupados por esta pandemia, por la machacona insistencia sobre el tema en los medios informativos, pero eso por lo visto no impide que gente imprudente, insensata, inconsciente, irresponsable en una palabra, siga atentando impunemente contra el conjunto de los jerezanos por considerar que eso de la mascarilla no es para ellos, que llevarla puesta dificulta la propia respiración, que produce calor y otras tantas vanas excusas para camuflar su auténtica falta de civismo y solidaridad.

Pero como por lo que se ve, ningún argumento sirve para atajar semejantes comportamientos, parece que solo queda pedir a las autoridades municipales el mayor rigor en la represión de dichas conductas aplicándoles las sanciones que la ley permita. Única manera de hacerles entender la perversidad de su postura que atenta peligrosamente contra el resto de los jerezanos.

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