Hay días en los que pienso: "Paren esta España que me bajo". Ya veré en qué parada pero me bajo del tirón porque a tanta gilipollez y a tanto imbécil como anda suelto no hay quien lo aguante. De repente, de un día para otro, resulta que a los niños de La Rioja les van a obligar a aprender euskera. A bote pronto, no sale uno del asombro mayúsculo cuando se entera de que hay canciones absolutamente inocuas que son prohibidas en determinadas comunidades autónomas bajo falsos criterios de machismo. Se queda uno como Frasier cuando Mohamed Alí le cambió de sitio la mandíbula. Sonado ando ante suprema imbecilidad y, de repente, llegar el uppercut, directo al mentón: "Hay que acabar con el Flamenco porque es un tópico". Pues miren ustedes que todo ello ha conseguido el efecto contrario. He desistido. No me voy a bajar. Me voy a dedicar a denunciar a toda esta gentuza desfasada. Si alguien tenía duda de que hay quienes quieren dinamitar el Estado ya lo tiene claro. Primero el Gobierno, después el Estado y, finalmente, iniciar un aleccionamiento cultural propio de los Jemeres Rojos. Miedo.

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