Estoy hecho de Rocíos.

De las miradas y confidencias al azulejo de Santo Domingo, de las carretas coloreando la calle Porvera, de las primeras pisadas en Malandar y las estrellas derramadas en el cielo de Marismillas. Los rocieros estamos hechos de los reflejos y el tintineo de la Carreta del Simpecado, de una piel forjada por el sol y las noches al raso, de arena, romero y Coto; de emociones esparcidas por el camino y cantes clavados en el recuerdo, del color morado de nuestro cordón, de las calles Bellavista y Muñoz y Pavón, y de sombreros al aire y abrazos de verdad...Estamos hechos de Ella. La Virgen es el epicentro de todo eso, el origen y el destino, es la esperanza, la que aglutina los Rocíos de los que estamos hechos.

Mis Rocíos se han ido agolpando dentro de mí en estos días, moviéndose rápido, agitando y acelerando los sentimientos. Pasa siempre que vas a ir a verla. No importa la fecha del año. Ayer tuve la fortuna de volver a experimentarlo, tuve la suerte de vivir el Domingo de Pentecostés en Almonte, con la Virgen. Y allí afloraron de nuevo esos Rocíos de los que estoy hecho: el recuerdo de mi madre agarrada a la trasera del Simpecado de Jerez, su sonrisa en la foto de aquel pequeño grupo de valientes que a mediados de los ochenta hicieron la primera peregrinación jerezana andando; el legado del "rociero de a pie" que también fue mi abuelo; la medalla de mi padre, que me acompaña siempre; las preguntas de mi hija "Papa, ¿puedo ir contigo al Rocío?"; la Fe que me dejó como herencia mi familia; los caminos con la radio, con la televisión, con este periódico…; el orgullo de mi Hermandad de Jerez, que ayer llevó El Rocío por unas horas a la plaza de toros de la calle Circo en lo que me dicen fue un acontecimiento único, extraordinario e histórico; mis primos Esperanza, Raúl, Pepe, los Mateos de Las Majadillas; y mis amigos y hermanos Paco, Vicky, Inma, Carlos, Manu...con los que hace unos años regresé al Coto y a los que tanto debo. Son mis Rocíos.

Y lo son también, como no, mi hermana Rocío Benítez Zúñiga, mi sobrina Rocío Díaz Benítez, mis primas Rocío Zúñiga Encinas, Rocío Benítez Fiol y Rocío Mateos Salido; mi amiga Rocío Fontán y mi tía Rocío Zúñiga Cru, una de las más grandes rocieras que he conocido nunca, y quien me regaló hace unos meses la primera edición de 1.971 de 'Rocío. La devoción mariana de Andalucía", que escribiera Juan Infante-Galán, un libro que perteneció a mi abuelo y que yo ahora custodio como el tesoro que es. ¡Felicidades a todas! Y gracias con mayúsculas a la Madre de Dios por los y las Rocíos que me ha puesto cerca, por todo de lo que estoy hecho, las vivencias, el recuerdo, las emociones, la fe y la esperanza.

Por haberme hecho rociero.

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