Análisis

Pedro Pablo Pica Montesinos Secretario de formación de la ejecutiva del PSOE de Jerez

Schrödinger y el susanopedrismo

El devenir de la política del PSOE de Jerez en estos últimos 6 años de mandato socialista al frente de la ciudad debería ser cuestión de estudio en las facultades universitarias de farmacología, psicología, literatura y filosofía. Y aunque no lo parezca, la estrategia empleada por la dirección política de la agrupación socialista jerezana tiene más que ver con la mecánica cuántica que con otra cosa. En efecto, la estrategia a seguir ha sido permanentemente la de la superposición cuántica, que es esa teoría de la física que establece que un mismo elemento existe en todos sus teóricamente posibles estados y ubicaciones posibles de forma simultánea -a la vez- y que solo se define en uno de esos estados o ubicaciones cuando interactúa con el mundo exterior o es observado por él.

Esa habilidad para estar y no estar en un sitio, y en el contrario, tan propia del mundo de la física cuántica, para solo definirse a posteriori, y solo cuando el universo 'conspira' contra quien le gusta vivir en ese multiverso de las posibilidades y probabilidades, puede provocar a la larga graves trastornos de la personalidad. En efecto, y entrando ya en materia, me vanaglorio de haber acuñado el término de 'susanopedrismo', que no es otra cosa que aquella ideología del pensamiento que se define por la habilidad de ser susanista y pedrista a la vez, según si el año es o no bisiesto. El susanopedrismo, en un primer momento, surge de forma espontanea del sujeto que lo practica con frases parecidas a la siguiente que un miembro del Gobierno de Jerez me dijo hace unos años en el despacho de alcaldía: "Mira, nos da igual lo que nos digas, pero aunque Pedro Sánchez sea el único capaz de salvar al PSOE del desastre, lo cierto es que pase lo que pase en las primarias, Pedro jamás será presidente del Gobierno y Susana seguirá siendo presidenta de la Junta. Y ante eso, nosotras, nos arrimamos a lo que más nos conviene".

Para completar este razonamiento de forma coherente, los susanopedristas necesitan esperar un tiempo para que la realidad no les de la razón. Cuando eso ocurre, posteriormente, sin sonrojo, pronuncian: "mira, que estuvieras en lo cierto no es suficiente. Vale, Pedro es presidente y Susana ha perdido la Junta, pero nosotras ahora somos supermegapedristas y no vamos a permitir que quien nos explicó con tanta certeza qué pasaría siga a nuestro lado. Tú sola presencia nos hace recordar constantemente que estábamos equivocadas. Tienes que marcharte".

Para terminar con la definición del susanopedrismo es necesario señalar que estamos ante una doctrina depredadora. El susanopedrimo mata y se alimenta de cualquier pedrista y susanista de pura cepa. Si has sido susanista, desde el primer momento y hasta el final, estás destinado a ser apuñalado por el susanopedrismo ilustrado en algún momento. Si has sido pedrista de verdad, también. De esta forma, el susanopedrismo, como subgénero literario de la mecánica cuántica, es capaz de crear muchos gatos de Schrödinger, que vivos y muertos a la vez, deambulan por los armarios atestados de otros medio cadáveres del proceso.

Es como eso de apoyar y no apoyar a la vez a Felipe Sicilia como alternativa a Susana, para acabar apoyando y no apoyando a Espadas. El susanopedrismo tiene esa habilidad insondable de estar con uno y con el contrario a la vez. Es esa capacidad para ser amigo de Ábalos y de Adriana al mismo tiempo. Esa indefinición definida, ese arte único e impagable del vapor y la luz de gas, que deforma la realidad y que es la cúspide de toda estrategia de manipulación y maltrato, del que un servidor ha aprendido mucho, especialmente a no practicarlo. Porque yo soy de los que se mojan.

Y en mitad de este contexto, el susanopedrismo ataca de nuevo. Cómo no, ha elegido la muy noble y leal provincia de Cádiz como campo de operaciones. Y mientras el susanopedrismo intenta hacerse con la presidencia del Consorcio de Aguas, con sonoro fracaso colectivo, al tiempo que inicia una batalla campal por el control de la Diputación -apoyados por los de Patxi-, y como única posible salida personal de supervivencia, los gatos de Schrödinger vamos amontonándonos lentamente en el purgatorio, esperando que, por una vez, la política derrote al cartón-piedra. Pero no os apuréis por nosotros: en el purgatorio se puede vivir realmente bien. Al menos se vive mejor que en el manicomio.

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