Línea de fondo

Santiago Cordero

Santiago.cordero@jerez.es

Síndrome de Prader-Willi

Messi es un producto para el negocio del fútbol

Todos los indicios nos hacen pensar que Lionel Messi recibirá hoy su sexto Balón de Oro. Sabemos que todo lo que rodea al deporte profesional está al servicio del negocio. Sin medios de comunicación, sin marketing, sin globalización de mercados y, en última instancia, sin aficionados, no existirían ni Messi, ni el Balón de Oro. Messi, por supuesto, existiría, además tendría su talento futbolístico, pero sin el ‘business’ que rodea al fútbol, el hoy astro argentino sería un grandísimo deportista desconocido, como hay miles en deportes minoritarios, pero no por ello menos talentosos o menos deporte.

Sin circo no existirían dioses en la arena. Eso fue en Roma hace más de 2.000 años y eso ocurre en la actualidad. Si Messi o Cristiano ingresan 70,80, 90 o más de 100 millones al año, es porque lo que está montado en torno a ellos y al fútbol genera miles de millones más. Simplemente, ellos son los gladiadores que saltan a la arena y concentran el foco de todas las miradas.

En el fondo, ellos son dioses y esclavos al mismo tiempo. Son producto de una sociedad de consumo que necesita ser alimentada, saciada, cada día, cada semana, cada partido. Se bañan en oro, pero no pueden fallar porque si no el sistema los desecha. Son hombres que tienen que producir como máquinas perfectas. Quizás, por este nivel de exigencia del mercado, tienen más mérito las carreras de Leo Messi y Cristiano Ronaldo. Sus altísimos rendimientos mantenidos a lo largo de más de una década demuestran la fortaleza mental de ambos. Aunque en realidad eso no importa.

Lo único importante es el circo, el negocio, el marketing. Intentar saciar el hambre del aficionado, del que paga. Da la casualidad que el pueblo ama el circo, ama a sus gladiadores. Siempre están hambrientos y sedientos de más circo, de más dioses, de más lucha. Pero la realidad es que la plebe padece una especie de Síndrome de Prader-Willi, nunca se sienten satisfechos tras comer, siempre quieren más, más y más, pero jamás consiguen saciar ese deseo de comer, de consumir más y más circo.

El resto de la historia ya la conocen, multinacionales amasando fortunas, políticos, con o sin lazos amarillos, todos contentos y un pueblo incapaz de ver la triste realidad que les rodea porque ese apetito insaciable que sienten bloquea cualquier posibilidad de luchar por derechos y mejoras sociales. Fue así en la Roma antigua y es así en la sociedad que nos ha tocado vivir.

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