Conectar con la naturaleza humana siempre ha sido mi mayor motivación. Entender las emociones, los sentimientos, las alegrías y las penas de los demás y participar activamente en ellos es lo que da sentido profundo a mi vida.

Leer las historias de vida a través de las líneas de sus rostros, de sus miradas, de sus movimientos e incorporar en mi espíritu todo ello es lo que me hace sentir que estoy siguiendo mi verdadero propósito en la vida.

Compartir, cooperar, ayudar, crecer y apoyar es lo que me hace mover, lo que realmente me aporta energía, es lo que me da la fuerza vital.

Romper las barreras y los miedos a lo desconocido, a las demás culturas, es clave, ya que esa es la única manera de rendirse a la verdad. Seamos del color que seamos, de la cultura, de la religión, somos iguales, reímos y sufrimos de la misma manera, compartimos el mismo aire que respiramos.

Cuán importante es viajar, conocer, experimentar, crear lazos y abrirse a otros mundos y otras culturas. Empaparse y embriagarse de lo nuevo, de lo desconocido y de lo diferente. Esos vínculos de cariño y amistad creados con Pragya y Gautam en la fascinante India, con Lek en la evocadora Tailandia, con Ayu y Wayan en la humana Bali, con Trish en la todavía inocente Nusa Lembongan y con todas las almas con las que me he encontrado y me iré encontrando a lo largo de mi vida, me hacen y me harán ser para siempre la persona que soy.

Es el miedo a lo desconocido que nos ofusca y no nos hace ver la realidad, crea rechazos e incluso odios infundados hacia todo lo que se escapa a nuestro entendimiento.

Perder el miedo a sumergirse por completo en la naturaleza humana y quedarse impregnado de todo su esplendor es sin duda alguna lo más maravilloso que uno pueda experimentar en esta vida.

Al final de cuentas, sólo somos UNO.

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