Entre su imagen de pija sin pudor, su ñoñería monjil y su buenismo de niña bien, Tamara Falcó se reveló como el personaje televisivo de 2019. Boris Izaguirre fue de los primeros en reparar en la espontaneidad de la nueva marquesa de Griñón que, sin pelos en la lengua, era la única del clan Preysler que miraba a la cámara y se atrevía a contar las cosas de "mami" y Mario sin filtros de "bienqueda". Y se destapaba sin rubor como la gran heredera que es, como una marquesa que no tiene complejos de saberse inútil, incluso para freír un huevo.

Pero a lo tonto a lo tonto, y con esa cara de 'yo no he salido todavía del cascarón', la hija de Isabel Preysler se curró un reality como Masterchef Celebrity y se aupó con el premio de ser la mejor cocinera de su edición sin despeinarse mucho. Con ese desparpajo pijo, el Tamarismo inundó la televisión.

Cocina al punto con Tamara y Peña resultó, con todo, un fiasco para TVE que, deseosa de explotar el fenómeno de la Tamara cocinera, olvidó que un personaje plano como es ella ha de rodearse de ingredientes de primera y una buena salsa para componer un buen plato.

Pablo Motos la tiene ahora como colaboradora en El Hormiguero 3.0, donde encaja más entre las bromas de Trancas y Barrancas que en solitario. "¿Cómo crees que ha cambiado la percepción que tiene la gente de ti después de Masterchef? ¿Es muy difícil pelar un conejo?", le preguntaba Motos nada más darle la bienvenida. "No, no, pero me vino muy bien", respondía ella, orgullosa de aquel hito que ya forma parte de la historia de la televisión. Fue su punto de inflexión, el de muchos para ver a Tamara Falcó de otro color. "¿Pero eso no es muy de pijos?", siguió Motos. "Yo no descarto que sea pija, pero pelo conejos". ¡Claro que sí! Porque a Tamara que la llamen pija se la trae al pairo.

Como señorona con castillos que es, tira de árbol genealógico en Amazon Prime comentando la serie El Cid, también interpretando una nueva versión de sí misma, porque allí donde hay un foco que le dé un poco de brillo, ella no se pierde el show. La marquesa de la televisión lucha con uñas y dientes por encontrar su sitio en la tele, quién lo diría, un año después y le está costando más que ganar MasterChef.

La sobreexposición con calzador a la que se aferra no está jugando precisamente a su favor. Tamara descuenta en el papel que le han brindado como opinadora en una tertulia con criaturas televisivas más rodadas, como Nuria Roca o Juan del Val. Y lo que a primera vista parecía una tierna ingenuidad puede convertirse en una artificialidad sin sal que solo se salva con las anécdotas de su familia. Eso, unido a un claro empeño por labrarse una carrera televisiva a toda costa, podría devolverla a la lista negra del club de fans de la lengua viperina. Cuidado con eso, marquesa.

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