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Análisis

Gumersindo Ruiz

Tipos negativos y cómo mitigar catástrofes

Los tipos de interés negativos son un misterio que se verá al final del artículo. Aunque nuestra compañera Carmen Pérez trató este tema en su Tribuna del viernes, es de tal importancia que vale la pena volver sobre él. Con su política extrema de bajos tipos y compra de deuda el Banco Central Europeo (BCE) quiere estimular el crédito y la economía, pero su efecto es débil, pues sobra liquidez y falta demanda de crédito empresarial. Y lo peor son los efectos laterales de estas medidas sobre los bancos, compañías de seguros, planes de pensiones, y ahorradores, además del riesgo que introduce en los mercados de deuda y acciones. Ya hay en el mundo más de 16 millones de millones, contados en dólares, de deuda con tipos negativos, esto es, por la que se devolverá menos de lo que se prestó.

Fue famosa la brillante explicación de Richard Koo de que en España, como en Japón, los efectos de la burbuja inmobiliaria tardarían años en disiparse, pues el exceso de deuda lleva a querer amortizar, por muy bajos que sean los tipos y facilidades que se den. Esto, que se conoce como "recesión de balance", o "encogimiento de la economía", hace que en España el crédito total sigue cayendo hoy un 1,8%, ya que la demanda de crédito es menor que lo que se amortiza; y no se debe a sentimientos sobre inestabilidad política ni historias similares, sino al hecho real de un exceso de endeudamiento que se invirtió en activos (inmobiliarios) cuyos precios colapsaron. Últimamente está mejorando el crédito, pues la tasa negativa del trimestre anterior era el 3,6%.

Koo propone que sea el estado quién cubra temporalmente la falta de demanda de crédito y se endeude, siempre que invierta esa deuda con una tasa de rentabilidad superior al coste de la misma (como es negativo, una rentabilidad cero ya sería rentable). Las consecuencias de las inundaciones recientes no son siempre evitables, pero inversiones en mejora de infraestructuras y prevención para mitigar el impacto de catástrofes ambientales, -cada vez más intensas y frecuentes-, son rentables, incluso excepcionalmente rentables según calculaba el malogrado Martin Weitzman; y la acumulación de capital social sería un elemento de socialización que frenaría algunos embates populistas. Joe Kaeser, jefe ejecutivo de Siemens, lo ha expuesto con precisión: "¿Por qué el Estado no invierte más, si es legítimo que lo haga en un momento en que el mercado le paga por acumular capital? Ésta -dice- es una pregunta que espera y merece una respuesta". La llamada insistente de Mario Draghi a los gobiernos para que tomen el relevo de la jadeante política monetaria, y que compensen fiscalmente algunos de sus inevitables efectos negativos, no puede tener una mejor expresión.

En cuanto a la explicación del misterio de aceptar tipos negativos, la clave está en que el BCE cobra a los bancos, y a quién quiera euros, un 0,5% por sus depósitos; unido a la demanda feroz de cualquier deuda que se emite, queda como alternativa invertir con riesgo, o guardar el dinero en una caja fuerte, lo que quizás cueste más de ese 0,5%. Esto, claro, sólo se permite a países con monedas muy fuertes y sin inflación, y no deja de ser algo raro, pero aprovechable.

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