Análisis

joaquín aurioles

Trump y el BCE

El anuncio de nuevos estímulos monetarios y la posibilidad de tipos negativos ha desatado las iras de Trump contra el BCE. Provocará la depreciación de euro y perjudicará a las exportaciones norteamericanas, ha venido a decir, pero, ¿tiene razón?

Parece razonable que, si los tipos de interés se reducen, el capital internacional, que en el corto plazo siempre se mueve por intereses especulativos, decida abandonar Europa y buscar otros lugares "más rentables", como los Estados Unidos. Cambiará sus activos en euros por otros en dólares, provocando la depreciación del primero respecto del segundo, lo cual es otra poderosa razón para deshacerse de los euros cuanto antes, acentuando la intensidad del ajuste entre ambas monedas.

Un dólar caro perjudicará las exportaciones norteamericanas a Europa y favorecería las importaciones. Si un bolígrafo (y en general cualquier tipo de bien) cuesta un dólar en Estados Unidos y un euro en Europa, la paridad euro/dólar sería uno y a los consumidores les resultaría indiferente donde comprarlo. Si el Banco Central Europeo baja el tipo de interés y el euro se deprecia un 10%, un comprador norteamericano puede conseguir un bolígrafo entregando 90 céntimos a cambio del euro que necesita para comprarlo en Europa. Esta comenzará a exportar bolígrafos y otros bienes a Estados Unidos, donde las empresas que los fabrican pueden comenzar a tener problemas para conservar sus mercados. Esta es la razón del enfado de Trump con el anuncio de Draghi, aunque si la política no interfiriese en el libre comercio estableciendo, por ejemplo, aranceles a las importaciones, cabría esperar un pronto retorno a la normalidad.

La teoría de la paridad del poder adquisitivo postula que la demanda de euros por parte de los importadores estadounidenses de productos europeos frenará la depreciación del euro, hasta restablecer la paridad inicial. El problema es que esta teoría difícilmente se cumple en el corto plazo, debido los aranceles o la influencia de los flujos de capital en el precio de las divisas. La cuestión, por tanto, es que entre la decisión de bajar tipos y el restablecimiento de la paridad puede transcurrir un periodo de tiempo en el que la balanza comercial norteamericana podría verse deteriorada, pero, ¿es razón suficiente para hablar de grave perjuicio para su economía? Hay tres poderosas razones que invitan a pensar lo contrario.

La primera, que el poder adquisitivo cruzado (lo que los americanos pueden comprar en Europa y viceversa) hace más ricos a los estadounidenses y más pobres a los europeos. La segunda, que el efecto inflacionista del encarecimiento de las importaciones puede perjudicar la competitividad europea. Por último, que la fuga de capitales podría provocar una insuficiencia monetaria en Europa, presionando al alza sobre los tipos de interés, y lo contrario en Estados Unidos.

Es evidente que en Europa no existen riesgos de inflación o de insuficiencia monetaria a corto plazo, pero conviene recordar que las tensiones en el mercado monetario se resuelven en el largo plazo, lo que significa que las ventajas competitivas podrían desaparecer con la retirada de los estímulos monetarios.

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