Análisis

Manuel Moure

Viejos profesores

De vez en cuando, cada vez menos, me cruzo con alguno de mis viejos profesores. Al verlos intento siempre saludarles, que me recuerden, aunque años atrás desearan olvidarme con todas sus entrañas. Les veo y pienso cuánto les debo. Recuerdo a todos y cada uno de los que tuve desde el parvulario hasta que el COU me mandó a la universidad. No es sólo que me acuerde sus nombres, sino hasta del estilo que tenían a la hora de transmitir los conocimientos que atesoraban. Ahora, casi todos, marchan en silla de ruedas o apenas pueden moverse por las calles sin ayuda. Ahora la única forma que tengo de demostrarles mi agradecimiento pasa por una sonrisa, un abrazo y escucharles en el ocaso de su sapiencia. Cuántas veces se ha denostado la profesión del magisterio, en cuántas ocasiones no hemos sido capaces de comprender que ellos, los maestros de escuela, se erigen en una de las piedras angulares de esta sociedad nuestra que si se sostiene erguida es gracias a su trabajo de décadas.

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