Análisis

Fran Pereira

40 años de buena gente

Mis recuerdos de la Buena Gente son aquella pequeña sede de la Plaza San Lucas, en cuyo escenario sobresalía una enorme pintura con un imponente cuadro flamenco. Son también aquellas zambombas en familia en las que Zarambimbo cantaba mil villancicos jaleados por Ramírez y su mujer, aquellas pataítas de Juanele o aquellos martes santo de saetas en las que los mejores saeteros de la ciudad pasaban por el balcón del colegio María Auxiliadora. Todos ellos estarán hoy presentes, de alguna manera u otra, en la celebración de estos 40 años de vida. Reconozco que durante un tiempo la peña languideció hasta el punto de casi caer en el olvido, y de estar cerca de su adiós. Quizás por eso tiene mérito que hoy tras una auténtica regeneración viva otra época dorada hasta el punto de convertirse actualmente en una de las punteras de la ciudad y con lista de espera para acceder a ser socios. A todos sus socios, a los que están, a los que fueron y a los que ya no están, dedico hoy estas líneas, sólo por esforzarse en hacer grande este arte, siempre desde el respeto y la ilusión Felicidades, Buena Gente.

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