El vino de Jerez tiene la atención mediática. Basta hacer una simple búsqueda en internet para comprobar la cantidad de artículos y reportajes que se dedican en medios nacionales y extranjeros a la Denominación de Origen, sus bodegas, vinos, paisajes, catas, maridajes, escapadas... Esta atención no tienen reflejo aún en las ventas, que arrastran una prolongada caída de un 4 por ciento de media anual. Los vinos de Jerez cerraron el pasado año con un volumen de 32,5 millones de litros comercializados, 18 millones menos que los registrados hace diez años. Cierto es que buena parte de esta caída se concentra en las marcas blancas -las de menor rango y precios más bajos-, en particular en los llamados mercados tradicionales, con Holanda y Alemania a la cabeza. La tendencia se va a mantener, y más ahora que las bodegas tienen claro que la calidad no es moneda de cambio. Seguirán bajando las ventas, pero aumentará el valor y el buen nombre. No hay que desistir, más ahora que el jerez ha recuperado gran parte del prestigio perdido y por el que tarde o temprano llegarán los resultados. Nadie dijo que sería fácil.

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