Análisis

Jose manuel moreno arana

La casa de Francisco Camacho (I)

En la calle Guadalete, en su número 14, se encuentra una triple fachada blanca de severo diseño neoclásico. Su sobriedad, su discreta elegancia, no hace que llame excesivamente la atención. Los tres módulos se disponen con estricta simetría, demostrando que forman parte de un proyecto unitario que integra tres edificios independientes en un solo conjunto. De hecho, estamos ante la fachada principal de un gran complejo bodeguero-residencial, como lo define José Manuel Aladro Prieto en su tesis doctoral sobre la arquitectura decimonónica del vino en Jerez. Por él se sabe que se levanta en torno a los años treinta y cuarenta del siglo XIX por Patricio Garvey y que en ella interviene el arquitecto Balbino Marrón. Toda esta historia tendría suficiente entidad por sí sola para ocupar este breve espacio de opinión y divulgación pero mi objetivo con estas líneas va por otros derroteros.

El valor histórico del número 14 de la calle Guadalete va más allá de importantes nombres de bodegueros y arquitectos del XIX. Tenemos que retroceder 100 años atrás, en las décadas centrales del Setecientos. Entonces la calle se llamaba Piernas e incluso la numeración era distinta, vinculándose a la collación o feligresía de la parroquia a la que pertenece, la de Santiago. En ese momento eran tres viviendas las que se levantaban en ese emplazamiento y una de ellas, en concreto la central, era propiedad de un personaje relevante para el arte de la ciudad, como fue el escultor Francisco Camacho de Mendoza. Cuando el 9 de junio de 1835 Garvey compra la casa ante Francisco de Paula Ardizone, la escritura notarial recoge cada uno de los sucesivos propietarios hasta llegar al imaginero. El documento, por tanto, permite ubicar el lugar donde vivió, trabajó y murió el artista. Una circunstancia que a partir de ahora merecería ser recordada

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