Análisis

Nerea Navarro

Una ciudad fantasma

Todavía recuerdo el ambiente que se respiraba en el centro el verano pasado. La plaza Plateros siempre estaba abarrotada de jóvenes que se atrevían a probar el mejor vino de la tierra y los bares de la plaza Rafael Rivero hacían el agosto cada noche llenando las mesas que rodeaban los establecimientos. Pero hoy día el centro de la ciudad no pasa por sus mejores momentos. El mes de julio ya ha comenzado y el ambiente es nefasto. Tabancos vacíos, plazas desoladas. ¿Qué está ocurriendo? Quizás es porque el verano ha llegado con retraso y la gente se ha acostumbrado a encajonarse en el sofá o bien porque prefieren las bullas de los centros comerciales. Pero no se me escapa una posible razón cuya solución no está en manos de los propios ciudadanos; las actividades en el centro son muy escasas. Hay que promocionar la actividad que se realiza en la ciudad durante los meses estivales y, sobre todo, fomentar la participación de los jóvenes para que sepan que en Jerez pueden encontrarlo todo.

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