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Análisis

joaquín aurioles

El club de la cuenta corriente

Los expertos siempre han dicho que una unión monetaria sólo puede funcionar entre países con economías muy similares. El peligro reside en que las perturbaciones externas pueden afectar a unos miembros de manera diferente que a otros, obligando a reaccionar con políticas que pueden ser favorables o perjudiciales, según el país. La crisis financiera de 2007 en Estados Unidos fue la tormenta perfecta para la Eurozona. Había países, como Alemania, con un importante saldo acreedor frente al resto del mundo, mientras que otros, como España, estaban fuertemente endeudados.

Europa era perfectamente consciente de los riesgos de una unión monetaria entre países tan diferentes, por lo que obligó a los aspirantes a formar parte del club de fundadores del euro a un importante esfuerzo de convergencia nominal (tipos de cambio y de interés, finanzas públicas e inflación). Para algunos expertos, no obstante, las diferencias reales (PIB por habitante, tasas de paro o saldo por cuenta corriente) podrían suponer una amenaza equivalente o incluso superior a las nominales. En particular, las balanzas por cuenta corriente, que podrían moverse hacia el superávit o el déficit por el hecho de que el precio de la moneda común en el mercado de divisas fuese diferente al de sus respectivas monedas nacionales. Alemania, por ejemplo, se beneficia de un tipo de cambio para el euro más ventajoso del que tendría con el viejo marco, puesto que los bienes que produce y los activos financieros que genera resultan más baratos a compradores e inversores extranjeros.

En España ocurre lo contrario. Si la peseta siguiera existiendo sería, muy probablemente, más barata que el euro, lo que significa que, mientras que en Alemania el tipo de cambio del euro fuerza un superávit estructural, en nuestro caso tiende a generar déficit.

El caso de Alemania es también el de Luxemburgo, Holanda, Austria y Finlandia. Todos ellos forman el club de países fundadores del euro con superávit estructural por cuenta corriente, debido a que han podido aprovechar las ventajas competitivas de un euro más barato de lo que probablemente habrían sido sus respectivas monedas nacionales. El club de fundadores del euro con déficit estructural estaría formado por España, Portugal, Grecia e Irlanda. Para ellos, el euro es una moneda excesivamente cara, que perjudica su competitividad, así como también para Francia, Italia y Bélgica, que vieron cómo con el paso del tiempo desapareció el superávit corriente del que disfrutaban cuando el euro se puso en marcha.

Las diferencias en el saldo por cuenta corriente entre países con superávits y déficits estructurales estuvieron aumentando durante la pasada década y se hicieron máximas a mediados de esta. Comenzaron a reducirse tras el inicio de la recuperación, en 2014, gracias, entre otras cosas, al esfuerzo exportador de países como España e Italia. De todas formas, no deja de ser sorprendente que el euro haya sido un eficaz contribuyente a ampliar las diferencias entre los miembros de la Eurozona. Esas mismas diferencias que los expertos identifican como una de las principales amenazas sobre la viabilidad de una unión monetaria.

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