Análisis

Fernando Faces Santelmo Business School

Dos crisis superpuestas: perspectivas económicas

El mundo se enfrenta a un escenario adverso que engendrará un nuevo orden económico y geopolítico global. Es un escenario insólito: dos crisis superpuestas, una pandemia y una guerra en Europa cuya onda sísmica se expande mundialmente. Dos amenazas globales, dos retos para la humanidad. La pandemia persiste. En China nuevos rebrotes de la variante ómicron provocan confinamientos masivos de ciudades enteras, que hacen presagiar más rupturas de las cadenas de suministros, más inflación, menos crecimiento y más desigualdades.

La guerra de Ucrania continúa su escalada sin que se vislumbré el fin de la negociación por la paz. Sus efectos son devastadores: decenas de miles de muertos y más de 11 millones de personas desplazadas. La pandemia y la guerra se retroalimentan, recrudeciendo las heridas económicas abiertas: deterioro de las cadenas de abastecimiento, aumento de los precios de la energía, los metales y los alimentos, más inflación y desaceleración del crecimiento mundial.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha dado a conocer las perspectivas de crecimiento mundiales (WEO) reduciéndolas hasta el 3,6% en 2022. Más de 143 países, el 86% de la producción mundial, ven reducidas sus previsiones de crecimiento para 2022 y 2023. El impacto de la doble crisis está siendo desigual, afectando más a los países con mayor peso de los servicios, entre los que destaca España por el mayor peso del turismo y la restauración. La guerra está destruyendo a Ucrania cuyo PIB se reducirá más del 45%, en segundo lugar a Rusia con una caída superior al 10% y en tercer lugar a Europa cuyo PIB se reducirá hasta el 2,8%. Los países más perjudicados serán los importadores netos de energía, materias primas y alimentos. Los más dañados serán los países menos desarrollados, y dentro de cada país, los más pobres y vulnerables. Ucrania y Rusia producen más del 27% del trigo mundial y más del 40% de la potasa, básica para la producción de fertilizantes. Una gran crisis alimentaria amenaza a los países menos desarrollados por la subida del precio de los fertilizantes y por la escasez y encarecimiento de los cereales y los alimentos.

El crecimiento de la deuda privada global es un factor añadido que puede perjudicar la recuperación mundial. En el año 2020 la deuda privada global creció un 13%, alcanzando máximos históricos. La recuperación de los países más endeudados está en peligro. El FMI aboga por un proceso de reestructuración de la deuda de los países emergentes en el seno del Marco Común del G 20. La deuda pública global también se ha disparado en los países emergentes y en otros países como España. El principal financiador del sector público ha sido la banca. La deuda pública alcanza la cota histórica del 17% del total de activos de los balances bancarios. Una crisis de la deuda pública puede provocar una crisis bancaria, como la de Europa en 2011. Los bancos centrales intentarán preservar la estabilidad financiera global, al mismo tiempo que normalizan sus políticas monetarias y suben los tipos de interés para reducir la inflación. El riesgo es abortar la recuperación. Tiempos difíciles, que exigen cooperación mundial, en un escenario adverso de fragmentación económica y geopolítica mundial en dos grandes bloques.

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