Análisis

Manuel sotelino

Un día para la historia

Tuvimos el privilegio de vivirlo y sentirlo. Fue el pasado lunes, festividad de Nuestra Señora del Carmen. Una de las grandes devociones de la ciudad, la Santísima Virgen del Carmen Coronada, salía como es tradicional a las calles de la ciudad. Pero este año iba a ser distinto al resto. Gracias a la entrega de la nueva junta de gobierno que han tomado las riendas de la hermandad de damas y caballeros de Nuestra Señora del Carmen, la hoja de ruta de la procesión no acabaría en la basílica carmelitana. Iría un poco más allá. El año jubilar mercedario que se está celebrando en Jerez también formaba parte de la procesión carmelitana.

Llegó la Virgen a la basílica de la Merced y los muchos devotos de estas dos glorias batían palmas siendo todos conscientes de que Jerez estaba viviendo un momento histórico. Un día para la historia que ya marcará para siempre la retina de los cofrades. Las dos reinas basilicales se encontraban por primera vez. Y se rezó la Salve.

Estuvo presente la oración porque de otra manera nada hubiera tenido razón de ser. Las flores estaban magníficamente colocadas. José Carlos vistió a la Virgen como nunca, la Patrona estaba más enigmática y refulgente si cabe. La cuadrilla de costaleros no pudo trabajar el paso mejor ni mejores pudieron ser los mandos de capataz. La banda sonó de maravilla, el pueblo se echó a las calles. El incienso olía a gloria y las estampas no pudieron ser más bellas.

Encuentro histórico, sí. Pero quiero recordar ahora las palabras del padre Alejandro Peñalta que también hubiera suscrito el padre Felipe Ortuno. Ambos responsables de las comunidades de carmelitas y mercedarios respectivamente. "Esto es, además de un encuentro entre imágenes, un signo de eclesialidad". Y para ello, la oración que da sentido a las vida del cristiano. Y el fervor. Y la conciencia de que de la Santísima Virgen actúa en nuestras vidas. Lo dijo el padre Alejandro: "Hay muchos milagros de la Virgen que vemos todos los días". Y eso es lo verdaderamente importante. Lo demás no dejaría de ser una belleza sin sentido.

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