La ilustrada titular de ese departamento ministerial de Igual da, cuya aportación a la historia de la actividad gubernativa de España se califica por sí sola, logró a finales del pasado mes de junio la aprobación por parte del Consejo de Ministros de la llamada "ley trans", disposición legal que de ser aprobada definitivamente permitiría que, desde los catorce años, un menor decidiera cambiar de sexo y de nombre en el Documento Nacional de Identidad, en un plazo de tres meses al amparo de lo dispuesto en el "Anteproyecto de ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI", que a lo largo de más de medio año ha provocado, además de no pocos roces, un encendido debate entre los socios del actual gobierno; recuérdese integrado por el Partido Socialista y la Coalición de Unidas Podemos y que ha contado incluso con la oposición de parte del movimiento feminista, ya que incluye la libre autodeterminación de género, lo que permitiría que una persona pueda cambiar el nombre y el sexo en su DNI solo con su voluntad, convirtiendo de esta manera a nuestro país en el decimotercero en el mundo que legalizaría la mencionada autodeterminación de género… Todo un avance de modernidad, según la "progresía" rampante.

Obviamente, la medida ha sido aplaudida por determinados colectivos alineados con los movimientos LGTBI y criticada, como ya queda dicho, por buena parte del movimiento feminista y ha contado también con el rechazo frontal de la hasta ahora todopoderosa vicepresidenta del Gobierno, señora Calvo, a la que finalmente se le ha concedido por parte del Presidente Sánchez, su valedor, "un merecido descanso" en su dedicación a la cosa pública, en beneficio de no soliviantar más aún a su socio de gobierno sin cuyo apoyo posiblemente él también disfrutaría en breve de igual situación, aunque haya analistas del quehacer político que entiendan este dejar hacer del Jefe del Gabinete a los podemitas como una estrategia para que, como las mariposas con las llamas, se terminen quemando solos en la valoración de la ciudadanía…

Para más inri, en esta sociedad del siglo XXI, en la que sin duda alguna son muchos, muchísimos, los criterios y conceptos que se han modificado, incrementándose de forma notable los valores del respeto y la tolerancia, más que la presencia en la sociedad de personas de una orientación sexual diferente a la propia, molesta mucho más que se traten de imponer, por criterios ideológicos, hechos, conductas o situaciones que hoy día no escandalizan a nadie, como si lo hicieron en épocas pasadas, que serían mejor aceptadas, si se quiere defendidas, desde una consideración de normalidad, cosa que no hace este proyecto de "ley trans" que por su contenido provoca precisamente la reacción contraria, desde un análisis racional e inteligente…

Vamos, que estamos, les digan lo que les quieran vender, ante un disparate de ley.

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