Análisis

Pepe marín

Mi emocionado recuerdo para Juan Romero Pantoja

Desde finales de los años cuarenta, cuando los más afortunados engañaban al hambre cantando y, quienes no disponíamos -ni disponemos- de esa gran facultad le hacíamos frente comiendo algarrobas, Juan Romero Pantoja, 'El Guapo', sentaba cátedra de saetero para su grandeza y nuestro disfrute. Conoció y hizo otros cantes, pero el de la saeta ocupó lugar de privilegio en su sentimiento de jerezanía a ultranza.

No es extraño pues que, algunos años antes de los citados Juan empezara a callejear y a placearse junto a 'El Veneno', 'El Boca', 'El Carbonero' y, al paso de vírgenes y cristos cantara ya, como una especie de premonición, las letras de saetas que, siendo un chaval le enseñara su madre, Mariquita de Manolo.

Desde entonces la calidez de su voz en noche semanasantera fue capaz de doblarnos los filos del alma. La fuerza de su sentimiento saetero fue siempre campana que toca a resurrección. Juan ha sido la saeta que traspasa todas las emociones. 'El Guapo' ha sido el poeta del cantar saetero; el de la fibra sensible; el que con la autoridad que imprimen los años y la maestría del conocimiento, fue pregonero permanente a través de su cante de la Semana Santa en Jerez, haciéndonos rememorar en toda su trascendencia popular, mediante su impecable ejecución, la Pasión de Cristo.

En la saeta de 'El Guapo' confluyeron sentimiento, conocimiento y facultad y, con todo ello supo erigirse en permanente heraldo que fue de 'Puerta en puerta', cantando a las imágenes que procesionan en nuestra Semana Santa, desde el día en que cantó por vez primera desde un balcón de la Escuela de Artes y Oficios, a la Soledad y su voz llegaba desde la 'Porverita hasta Santiago'.

La saeta le llevó a Francia -una sola vez, ya que no quiso repetir experiencia- como un día, muchos años antes le había llevado hasta Sevilla reclamado por la mismísima Pastora Pavón 'Niña de los Peines'.

Pero si la saeta se lo llevó en esa y en otras contadas ocasiones, la misma saeta nos lo trajo siempre para permanecer fiel a su sentimiento de jerezanía sin límites. Jerez, sus calles, sus plazas, sus balcones especialmente, fueron para Juan Romero Pantoja, 'El Guapo', cada Semana Santa, algo que embriaga -olor y color pasional-, como el nardo y el clavel o la flor de Jacaranda.

La voz de Juan Romero se elevó, cada Semana Santa, para gozo de nuestros sentidos y para servir de enseña a los más jóvenes, hasta la más alta cúpula del templo semanasantero, flamenco y jerezano.

Si en 1988 la Cátedra de Flamencología le distinguía nombrándole Saetero Mayor, el 27 de marzo de 1996, último miércoles de Cuaresma, Onda Jerez Radio y TV le rendía público homenaje y le distinguía con el Premio de Reconocimiento Cofrade, haciéndole entrega de la Bocina de Plata. Bocina que anunciaba a los cuatro vientos la voluntad de 'El Guapo' de continuar siendo la voz de nuestras calles y plazas cada día, de cada Semana Santa, sintiéndose tan admirado y sobre todo tan entrañablemente querido por esta tierra que le viera nacer y que habrá de seguir temblando de emociones cuando evoquemos la voz de Juan Romero Pantoja 'El Guapo', ondeando al aire de la noche primaveral su albo pañuelo, cantado por siguiriya:

Se rompió el velo del templo,

sol y luna se eclipsó

temblaron los elementos

cuando expiró el Redentor.

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