El vino de Jerez se ha convertido en un imprescindible de las cartas de la nueva restauración española, los restaurantes que suman estrechas Michelin por pares y que se prodigan por todo el territorio nacional con multitud de jóvenes chefs que han sabido adaptar las enseñanzas de los grandes maestros que iniciaron esta moda imparable. No hay establecimiento que se precia que no tenga en su carta varias referencias de vinos de Jerez y los hay incluso que abren su carta de vinos con el jerez porque da prestigio. Es imposible entender el resurgir de los caldos jerezanos sin la aportación de estos prescriptores de unos vinos que consideran únicos y que casan a la perfección con sus propuestas gastronómicas, por muy inverosímiles que sean algunas de las combinaciones que sugieren. Es el gran momento del jerez, la oportunidad añorada durante décadas, aunque en casa no nos enteremos y sigamos relegando a estos vinos a un segundo plano en las cartas que se dignan incluirlos, por no citar las muchas en las que está ausente.

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