Análisis

Manuel Pareja

La guerra de Pemán

Si me apuran, lo de menos es cambiar el nombre al Colegio Pemán. El de Gloria Fuertes me parece entrañable, merecido. Lo peor es lo que subyace en el fondo, porque la ignorancia que suele provocar el sectarismo tiene consecuencias imprevisibles. Quien quita que mañana retiren de las bibliotecas sus libros, aludiendo a motivos parecidos. Ortega, meses después de instaurada la República, y dado el radicalismo que se imponía en la vida española, pedía pensar en grande, no falsificar nuestra realidad con extremismos ajenos; no fue hasta la Transición, cuando se hizo ese esfuerzo de pensar en grande, un verdadero ejercicio de reconciliación. A 40 años de aquel esfuerzo, volvemos a pensar en pequeño. Nadia lee hoy a Pemán. Si repasan sus escritos políticos de los años 20-30, es difícil- por no decir imposible-, compartir su visión de la situación española, su concepción de la vida, de la sociedad, de la historia. ¿Esto le ocurre sólo a Pemán? No, otros intelectuales de la izquierda-, dígase Alberti por quedarnos en la tierra-, tenían ideas revolucionarias, antidemocráticas y sectarias a más no poder. Sin embargo, nos obligan a quedamos con el Pemán del 36. Podríamos fijarnos en el Pemán querido por todo el pueblo de Cádiz, en el respetado por poetas e intelectuales de su sensibilidad y la contraria, en el que hizo esfuerzos inimaginables para traer a España a compatriotas exiliados, el que trabajó por la reconciliación, el que pedía para España una monarquía parlamentaria. No, ahora interesa quedarse con el Pemán del poema de la Bestia y el Ángel. Cuando Alberti en 1977 volvió del exilio dijo: "Me marché con el puño cerrado y vuelvo con la mano abierta". Para algunos, la absolución merecida, para otros, la condena eterna. "La República es una cosa, el radicalismo otra. Si no, al tiempo", dijo Ortega. Pues eso.

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