Análisis

Jaime Betanzos Sánchez

El hábito de evangelizar

A YER ni las tapias más afortunadas sirvieron de lienzo a la sombra de los primeros capirotes. Esa sensación extraña de ver el primer nazareno habrá de sustituirse por otras. Tampoco se asemejará a la experiencia del año pasado. Pura y simplemente no habrá pasos. Pero habrá cofrades. Habrá nazarenos con la piel recién mudada que caminarán desnudos a la intemperie de una semana pensada para el hábito. El del músico, el del costalero, el del auxiliar de cofradía, el de tantos al fin y al cabo. Porque nazareno, en definitiva, es el que sigue a Cristo con independencia de la ropa que vista.

Formar parte de una cofradía requiere perderse entre muchos para ser encontrado por Uno. De alguna forma, consiste en renunciar por unas horas a la propia personalidad para que Cristo llame a cada cual por su nombre para siempre. Es difícil imaginar el momento de no ponerse el hábito. De salir sin revestirse para encontrarse con los de siempre sin que medien los galones, la molía ni el antifaz. Ni el camino más corto será tan largo como para que resulte suficiente. Tampoco la intimidad será tanta como para encontrarse solo entre gente conocida.

Quizá la ausencia de túnicas colgadas sea la mayor penitencia de este año. Y la cruz más pesada, como siempre, recordar a los que no están y mandar un beso al cielo. Todo con las notas monocordes del silencio parlanchín que ni calla ni habla. Ese runrún interior que emerge en conversaciones monotemáticas, cansinas, previsibles. Normalmente, sobran las palabras porque basta la mirada. Ante una incertidumbre tal, solo se buscan respuestas a veces inexistentes. Por ello, el refugio, más que nunca, está en los templos. En la belleza de la liturgia, del arte y de la devoción.

La llamada a los sentidos no será tan evidente, pero tampoco la búsqueda puede ser estática. Nunca lo es. Salir a buscar lo que no vamos a encontrar sería tanto como fracasar de antemano. Es Semana Santa y podemos vivirla. El primer nazareno camino del templo puede sorprendernos en cualquier lugar. Solo hay que saber mirar los ojos de quien sabe que tras la fachada existe una persona. Tras todos los montajes, esta Cristo. Tras esta espera de puntos suspensivos hay una esperanza mayor. En tres días no saldrá la Cruz de Guía desde el colegio de San José. Pero podemos poner la Cruz en la calle, en las casas, en los templos.

Ni las tapias más afortunadas servirán de lienzo a la sombra de los primeros capirotes. Pero muchas tapias mostrarán con orgullo el ir y venir de nazarenos que no se revistieron. Seremos más nazarenos que nunca si conseguimos llevar la fe donde hace falta. La Hermandad de Las Viñas se ha propuesto procesionar con sus titulares a cada casa. Y ya hay quién se ha encontrado una foto de los titulares de La Exaltación en su buzón. Igual el próximo es usted.

Feliz Semana Santa de Esperanza.

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