El Sábado de Pasión se pierde y no se abrirá -de momento- el Sábado Santo. Toca llorar. Jornadas de Semana Santa que podrían darse hasta con siete cofradías en la calle. Cortejos que irán creciendo por los barrios y menguando por el centro. Si los próximos munícipes se ponen las pilas podrá haber una Semana Santa limpia y con un buen servicio que mantenga como una patena cada acerado. Los palcos seguirán instalados y la carrera oficial estará siempre por definir. Como si la ciudad estuviese mal hecha cuando Jerez es una maravilla que a todo el que se acerca le encanta por sus dimensiones.

Ojalá que la Piedad se recoja a la una de la mañana como muy tarde aunque tengamos nuestras dudas. Y el Jueves Santo será rareza prodigiosamente bella que se desarrolla demasiado tarde para dar paso a la Madrugada. Con banda o sin ella.

El caso es que con estos condimentos queremos hacer de nuestra Semana Santa de interés turístico internacional. Vender lo nuestro como una joya. Y lo es. Desde el punto de vista patrimonial y de estética. Tenemos a José Carlos Gutiérrez y a Fernando Barea que son dos genios a nuestro favor. Pero por favor; no sobredimensionemos lo que existe. Nos puede ocurrir como le ocurrió al sector del vino. Construir un gran templo para que al final quede como un elemento testimonial de lo que fue en otras épocas. Aunque nadie nos podrá quitar que la trasera del Desconsuelo es una joya que disfrutamos sólo aquí, en Jerez.

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