Análisis

Manuel Moure

El juez Marchena

M E he acostumbrado a tener de soniquete el juicio contra el gobierno catalán mientras trabajo por las mañanas. Hay gente rara que hace cosas muy raras. Quizás yo sea una de ellas, pero no me nieguen que nuestras madres iban preparando la comida escuchando el soniquete de las "125.000 pesetas" el día del Sorteo de Navidad. Y debo confesar que siento admiración por el juez Marchena. Cada vez que da un paso, cuando toma la palabra, lo hace de una forma académica. Es delicado, va al grano y cuando algo se sale de norma (que no son pocas veces) lo ataja de inmediato. Dicte lo que dicte el Tribunal Supremo él sabe que la sentencia será elevada a las más altas instancias. Es por ello que mide con precisión quirúrgica sus actos y sus palabras. Debo reconocer que me encanta la forma en la que lleva el 'marrón' (a qué engañarse) que le ha caído. Quien quiera lo puede ver por las mañanas en la tele. Preciso y meticuloso en rango máximo. Un gran profesional. Que es de lo que se trata.

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