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Análisis

PANDEMIA Manuel barea 49

Pero es que madre no hay más que una

Ayer fue el Día de la Madre. La mujer que te abrazaba y te ponía firme. La mujer que decía y que decidía lo que convenía, lo que era preferente. "Lo que diga tu madre", decía el padre. "No enfadéis a vuestro padre", decía ella. Maestra en la brega del amor maternofilial, su gesto por lo general adusto se transformaba de una manera natural, instantánea y sin imposturas -y sin embargo para nosotros mágica-, y su mirada única, incomparable, te bañaba de calor de la cabeza a los pies, y aunque en ese instante no lo supiéramos porque aún éramos pequeños e inocentes con el paso del tiempo llegaríamos a comprender que cada vez que lo hizo, cada vez que nos miró de esa forma, observó dentro de nosotros, en el interior de cada uno de sus hijos, y lo supo todo de ellos. Hasta su última noche miró así. Dentro. Después ya nadie nos ha mirado de esa forma.

No nos mimaba. Sus hijos no tenían siempre la razón por el hecho de ser sus hijos. Había que tenerla y demostrarlo. Quizá pecara de otorgársela antes a los otros. O les hacía creer que así era. A veces pudo parecer que iba para diplomática. Se quedó en ama de casa. Y cómo mantenía y velaba por la paz en los territorios de sus vástagos cuando se enfrentaban en conflictos provocados por el capricho, el egoísmo y la cerrazón infantil.

¿Por qué no están los gobiernos en manos de madres que saben abrazar y poner firmes a sus hijos? Madres que saben discernir entre el melindre y el mérito, inalterables ante la zalamería y el berrenchín, dadivosas con el esfuerzo y la obediencia, severas frente a las indiscreciones, rivales del caos, enemigas del miedo y con una dulzura infatigable para combatir y vencer a nuestra tristeza y nuestro dolor.

Necesitamos gobiernos como esas madres. Desde que se implantó el estado de alarma es frecuente afear al Gobierno el trato que dispensa a los españoles. Se le reprocha que nos trate como a párvulos, como a niños pequeños. Sí, es una actitud criticable. En general, la sociedad está siendo ejemplar, pero... Sí, siempre hay un pero. Tal vez los periodistas nos vamos pervirtiendo en el ejercicio de la profesión y algunos sólo veamos la parte mala de las cosas, la cara más negativa. Puede ser. Pero este fin de semana ha habido muchos que le han dado la razón al Gobierno, si es que nos trata como a imberbes (se la habrían dado a cualquier otro, fuera del partido que fuera). Su comportamiento fue infantil, su actitud en la calle propia de niños malcriados, la edad que figura en su DNI no se corresponde con la exhibición que dieron en la vía pública, que ellos tomaron por privada. Eran adultos que a las primeras de cambio transgredieron como niños mimados, caprichosos y consentidos las normas que había que cumplir, se saltaron la distancia de seguridad, hubo quien enseguida hizo visitas y celebró reuniones de amigos...

Antes de salir, la madre decía: "Portaos bien en la calle". Ay del que no lo hiciera.

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