La elegancia de los vinos de Jerez
Patrimonio conventual
Días atrás una publicación en Instagram de una cuenta llamada, precisamente, “La Córdoba Olvidada” me hace desempolvar, una vez más, el caso del convento del Espíritu Santo de Jerez. El pretexto, la “reaparición” del Cristo Crucificado que presidió el ábside de su iglesia y que ahora se conserva en un cenobio cordobés, el de Santa María de Gracia.
En 2006 logré fotografiar esta y otras imágenes y retablos que adornaban el templo renacentista. Meses más tarde las monjas decidían poner fin a cerca de 700 años de historia. Toda su colección de obras de arte se dispersó. Una parte se repartió entre los conventos que las dominicas tienen en Sanlúcar de Barrameda y Córdoba. Otra parte, difícil de cuantificar, se vendió, como uno de los retablos que en 2017 se expuso, desmembrado, en un anticuario sevillano y terminó en las bodegas Argüeso, también de Sanlúcar. Sólo algunas piezas permanecieron aquí, como el órgano, hoy en San Dionisio.
Aunque se pretendió sin éxito en 2011 su declaración de BIC, el proceso continuó con el intento de enajenación del propio edificio. El Obispado tuvo la loable idea de mantener el uso religioso con su conversión en seminario, si bien no llegó a un acuerdo con la orden por el alto precio que esta exigía por este monumento, que estuvo en 2021 a la venta en la web “Mil Anuncios”. Y pese a que este mismo 2025 el Vaticano ha dado permiso para desacralizar la iglesia, la tan deseada compra sigue sin materializarse casi veinte años después.
El Crucificado, con la estética de los talleres jerezanos del siglo XVIII, perdura a las afueras de la ciudad de la Mezquita en una construcción moderna que sustituye a un céntrico convento derribado en los setenta, por intereses especulativos, con la excusa de su dudosa ruina.
Los muros del Espíritu Santo se mantienen firmes todavía. Pero quién sabe hasta cuándo.
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