Análisis

áNGEL hEREDIA bAREA cOFRADE DE LA cLEMENCIA

A propósito de la Ley de Eutanasia

E L debate sobre la Ley de eutanasia está servido, hay opiniones a favor y en contra, sin duda se trata de una cuestión que afecta principalmente a la moral, el hombre de hoy necesita afrontar la humanización del morir y los partidarios nos la presentan desde una ideología con una profunda raíz antropología como la falsa ilusión de ofrecer una muerte más digna.

Los cofrades no podemos ni debemos dejar de plantear una seria y contundente apuesta por la vida en todos sus estados. No se trata de nuestras creencias, que también, ya que nuestra Fe ilumina la razón, se trata de argumentos que deben buscar la verdad del hombre y poner claramente de manifiesto que toda vida es digna por sí misma y que esta no puede ser puesta en cuarentena por las condiciones vitales y funcionales de la persona.

La dimensión social de las hermandades es una seña de identidad desde la creación de las mismas. Su validez obedeció al impulso de personas particulares que, sensibilizados con realidades deprimidas de ese momento, aportaron valores como la beneficencia, la ayuda al más débil y necesitado. En definitiva estar con los últimos de la sociedad. La eutanasia vulnera la dignidad de la persona para vivir una fase trascendental de su vida, abriendo una puerta para la eliminación de los más débiles y obviando que lo humano es acompañar, aliviar y apoyar a nuestros enfermos. El sufrimiento nos produce a todos un miedo vital, hay que dejar bien claro que, desde un punto de vista médico, siempre existe la posibilidad de abordarlo, no hay ninguna razón médica para practicar la eutanasia.

Ya tenemos la experiencia de Holanda, país pionero en la permisividad de la eutanasia. Se empezó por la eutanasia voluntaria y hoy en día ya se aplica a pacientes psiquiátricos, casos de no petición por parte del paciente por iniciativa del médico o la familia.

El magisterio de la Iglesia nos ilumina ampliamente sobre esto, la sacralidad y dignidad de toda vida humana son contrarias a cualquier práctica de la eutanasia y el suicidio asistido. Sería interesante una lectura de la 'Encíclica Evangelium Vitae' de San Juan Pablo II, y muy especialmente, del documento emitido recientemente por la Conferencia Episcopal 'Sembradores de Esperanza' que nos aporta una visión clara y concisa de toda esta realidad.

En nuestras corporaciones debemos ser hombres de esperanza, hombres que iluminen a los hermanos desde la razón y desde el firme convencimiento que la eutanasia no es la solución para el sufrimiento vital en los últimos estadios de nuestra vida. Formación a las juntas de Gobierno para que a su vez formen a los hermanos. Coloquios, mesas redondas, todo será poco para que con voz unísona apostemos por una verdadera piedad y amor por nuestros semejantes.

La realidad es la que es. Ya han planteado el camino. Acompañemos corresponsablemente a nuestros pastores y a todos nuestros hermanos para iluminar con un debate sosegado que la solución es tener una atención en cuidados paliativos en todos los centros sanitarios y acompañar a la familia en ese último trance vital. Casi 80.000 enfermos mueren en España sin tener acceso a cuidados paliativos. Pidamos, exijamos a los legisladores y autoridades sanitarias que humanizar el proceso de la muerte se realiza apoyando, aliviando y facilitando a las familias los medios para a atender a sus enfermos. Reivindicar frente al dolor la eutanasia en vez de medicina paliativa es poner en valor la muerte como remedio al sufrimiento personal y cómo podemos comprender se trata de una afirmación cuanto menos inmoral e inhumana ya que del derecho a la vida cuelgan todos los demás derechos de las persona.

Termino con unas palabras bellísimas del nº 67 de la Encíclica Evagelium Vitae que nos aportan luz antes esta realidad:

"bien diverso es, en cambio, el camino del amor y de la verdadera piedad, al que nos obliga nuestra común condición humana y que la fe en Cristo Redentor, muerto y resucitado, ilumina con nuevo sentido. El deseo que brota del corazón del hombre ante el supremo encuentro con el sufrimiento y la muerte, especialmente cuando siente la tentación de caer en la desesperación y casi de abatirse en ella, es sobre todo aspiración de compañía, de solidaridad y de apoyo en la prueba. Es petición de ayuda para seguir esperando, cuando todas las esperanzas humanas se desvanecen".

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