Análisis

Fran Pereira

La última bulería

Alo largo y ancho de una estación penitencial hay momentos de todo tipo. Momentos de sufrimiento, de alegría, de emoción, de nostalgia, de indecisión, de arrojo....Es una vez al año, por eso, los que sienten verdaderamente esta festividad, lo viven de una manera especial. Evidentemente, en todo ese recorrido de cada hermandad, siempre están presentes los que ya no están, gente que a lo largo de ese tiempo se ha ido y que desgraciadamente no podrá estar esta vez acompañando a sus imágenes. A todos ellos seguramente se les habrá recordado en estos días, igual que a los que por circunstancias de enfermedad o convalecencia, no pueden hacer estación penitencial. Levantás al cielo para recordarles, para no olvidarles, y hechas desde el corazón, como la que ofreció Tomás Sampalo a Juanillorro en la vuelta de la Esperanza. Fue sin duda un momento emocionante, hecho desde lo más profundo, y que acabó con el capataz, llorando a lágrima viva, y el hermano del cantaor fundidos en un interminable abrazo. Nunca mejor dicho, de La Plazuela, al cielo.

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