Se suele representar a la justicia en la figura de una mujer con los ojos vendados. La venda es para asegurar su imparcialidad y falta de preferencia por los sujetos y hechos juzgados.

Pero, últimamente, parece que se caen muchas vendas a la hora de impartir la justicia. Son numerosos los casos en que, en función de la adscripción ideológica de los jueces o juezas, es posible predecir el resultado de una causa.

En Estados Unidos, Trump nombró jueces del Tribunal Supremo estando prácticamente en funciones. Con ello garantizó una mayoría conservadora cuyas consecuencias estamos viendo en sentencias como la negación del derecho de la mujer al aborto, la posibilidad de tener armas de fuego sin control y la práctica negación del cambio climático. Con otros jueces, seguro que el resultado hubiera sido distinto.

En España se pelea por la composición del Consejo General del Poder Judicial, del que emanan nombramientos para otros órganos como el Tribunal Supremo. Al puro estilo Trump, el PP incumple la Constitución al negarse a renovarlo y así mantienen mayorías conservadoras. ¿Será por la Gürtel? Por cierto: Qué casualidad que los tres magistrados del Supremo que condenan a cárcel a Chaves y Griñán sean conservadores, mientras que los que presentan voto particular que los libraría de prisión sean progresistas. ¿Pero no juzgaban lo mismo?

No es fácil resolver esto. Pero quizás habría que trabajar en las siguientes líneas: -1) Profundizar en la democratización y universalización en la elección de los jueces (en EE.UU. a ciertos niveles se eligen democráticamente por el pueblo); -2) Modernizar la carrera judicial, actualizándola y haciéndola más accesible para estudiantes de clase media y humilde y -3) Legislar con más claridad para evitar interpretaciones tan diversas de la misma ley aplicada sobre unos mismos hechos.

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