Ocho estampas sureñas y un hombre menguante

En el bar miré mi correo y vi un 'banner' donde ponía: "Contrata tu SEGURO DE DECESOS y disfruta de una invitación para comer o cenar fuera durante un año" El día de la moción de censura estoy en Madrid y entro en el cine a ver 'El increíble hombre menguante', que me hace pensar en los últimos momentos de Rajoy como presidente. Al salir me encuentro con unos novios haciéndose fotos de boda en Cibeles. Llueve y están cansados, pero aún pueden sonreír y besarse entre el humo de los coches. Me acuerdo entonces del mendigo que dos años antes en ese mismo escenario me habló de Rajoy, de Botín, de la injusticia y de la corrupción del sistema y me confesó que Martin Luther King había sido el verdadero responsable de su ruina.

Ocho estampas sureñas y un hombre menguante

Cada día pasan cientos de personas por delante de la agencia. Algunas se quedan observando cómo trabajamos, otras nos hacen preguntas, otras nos traen paquetes o nos piden ayuda. Hay quien trata de vendernos algo y quien viene a buscar trabajo. Hay mendigos, curiosos, extranjeros desorientados, turistas, fumigadores, técnicos informáticos, una china que lee la Biblia y últimamente muchas cucarachas. En esa especie de vitrina donde estamos expuestos, miramos y somos mirados, pero rara vez sabemos quién se esconde tras una cara que podríamos reconocer entre la multitud.

Ocho estampas sureñas y un hombre menguante

Ha empezado a llover y el silencio se ha adueñado del Paseo de la O. No pasan coches por el puente ni barcos por el río. Parece que hemos vuelto a la época en que Clara y Luis compraron la casa, antes de que todo cambiara menos el pescado y las ruinas del castillo. Al rato sale el sol y con él salen los patos, sale un perro marrón, salen los turistas, salen los adolescentes y salgo yo. A mi paso, las paredes y las ventanas hablan de soledad, de respeto y de lealtad. Antes de que anochezca oigo en un bar que un piragüista ha salvado a un niño en el Guadalquivir.