Campos de castilla

Manuel / Romero / Bejarano

Ágreda

U na carretera desierta de la provincia de Soria cualquier día de noviembre. El cielo cada vez se pone más oscuro hasta que empieza a nevar. Montes y pinos en el horizonte. Una jornada ideal, sólo falta que una bandada de cuervos baje y escolte el coche. Al poco llegamos a Ágreda, Bastión de Castilla frente a Aragón, claro que eso fue en tiempos muy lejanos. La razón de este viaje a un pueblo sombrío de Castilla cualquiera de los días tristes de noviembre es buscar lo que queda de una de las mujeres más enigmáticas y poderosas de su tiempo: Sor María (de Ágreda).

En un convento siniestro, sin apenas luz, nos atienden unas voces que suponemos monjas tras una reja que acababa de ocultar lo poco que puede verse. ¿Vienen a ver la tumba de la madre? Es muy milagrosa. Vienen a verla muchas personas. Sería en otra ocasión, porque hoy sólo se ha presentado el frío más atroz. Entre tinieblas se oyen abrirse los cerrojos, rechinan las puertas. No, no, dulces no hacemos. Vivimos de la limosna y de los recuerdos que vendemos de la Madre. Noviembre debe ser temporada baja para la mística. Aunque gastos tendrán pocos. Ni iluminación, ni calefacción. Tras enfilar algunos pasadizos en la oscuridad, llegamos a la iglesia. La imagino en su época de esplendor, con braseros y llena de velas que hacían relumbrar el oro de los retablos. Ahora apenas si entra luz por las ventanas. En el centro, en una urna rodeada de angelitos e iluminada por fluorescentes, el cuerpo incorrupto de Sor María. En ese momento, el frío llega al centro del alma.

Nacida en 1602 en una familia profundamente religiosa, sus padres convirtieron su casa en un convento en el que profesó a los dieciséis años. Desde entonces hasta su muerte, los prodigios no dejaron de sucederse en aquel rincón perdido de los reinos hispánicos.

Se elevaba sobre el pavimento y adquiría una levedad tan pasmosa, que un pequeño soplo podía mover en uno y otro sentido la masa ingrávida de su cuerpo. Se enardecía su rostro hasta tomar la forma de un verdadero serafín. Y estos arrobos llegaron a más del millar, por lo general, en presencia de gente indiscreta. El milagro se hacía presente en los helados montes sorianos. A la vez que gobernaba el convento con decisión, Sor María (sin salir de aquí) predicaba en América y evangelizaba a los indígenas en Nuevo México. Danzar en la tierra de los místicos. Era sabia, era portentosa, controlaba la vida mundana y ascendía a la esfera divina. Era una santa. Ahora yace congelada, iluminada por un fluorescente dentro de una urna que parece un pastel.

Una santa. La fama corrió por Castilla, por el mundo, hasta que un día se presentó a las puertas del convento el rey Felipe IV. Desesperado por sus fracasos militares y por la inoperancia de los miembros de su gobierno, venía a buscar ayuda divina a través de Sor María. Durante largos años la monja fue una mujer de estado y ya no sólo fue la Fe la que empujaba a los visitantes. Llegaron nobles, embajadores, obispos y cardenales de toda la Cristiandad. El papa pedía consejo a la abadesa de un pueblo perdido de Soria que había pasado a convertirse en una puerta al poder. Fueron los años de gloria. Llegaban por legiones trayendo pinturas, cristos de marfil, oro y plata. Qué santa era. Sor María siempre sabía lo que había que hacer en las situaciones más difíciles y se pasaba todo el día resolviendo los problemas de los poderosos. Miles de cartas salían de Ágreda revelando lo que Dios había dispuesto para el mejor gobierno de las diferentes naciones. Hasta que llegó la muerte en 1665. Después el vacío.

Estamos un rato largo delante del cuerpo de la madre. Yo no rezo, sólo trato de buscar una explicación a los siglos de olvido que siguieron a la muerte de Sor María. Tal vez trató demasiado con el mundo. Quizás una vez que dejó de tener acceso a la corte dejó de ser importante. Tal vez el sitio de una monja pueblerina era su celda y por eso hoy está castigada a exhibir su cuerpo en una nevera iluminada por fluorescentes. Pienso, mientras afuera cae la nieve

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