Hablando en el desierto

Francisco Bejarano

Agujeros negros

No habíamos salido de la inquietud ordenada de bosones y gravitones, partículas que explicarán al detalle el origen del Universo (del nuestro, pues es posible que haya otros y aún no sabemos, salvo sospechas, si se podría pasar o no, en caso de que existieran, de un universo a otro), cuando la mente insólita de Stephen Hawking, sobreviviente de sí mismo, nos dice que los agujeros negros no son tal como él creía y, por él, los creíamos nosotros: una estrella colapsada tan densa que atrae todo lo que se le acerca y no deja escapar ni la luz, de ahí su nombre. El punto de no retorno se llama "horizonte de sucesos". Mientras no llegamos a este horizonte, giramos alrededor del agujero, más rápidamente cuánto más cerca estemos. En el centro del agujero habría una singularidad, es decir, una existencia desconocida.

Es lo que estamos haciendo los habitantes de la Vía Láctea, dar majestuosas vueltas alrededor de un agujero negro que nos tragará el día de la consumación de los siglos. Se da por seguro que para entonces hará millones de años que nos tragó el Sol y habrá sentencias firmes del Juicio Final. Desde la eternidad de los justos veremos acontecimientos astrofísicos dignos de la belleza divina. Mientras tanto, nos los tenemos que imaginar, pero la mente humana tiene sus limitaciones y le cuesta comprender una existencia eterna como espíritu puro y cómo vera un espíritu eterno el fin de los universos existentes y las creaciones de otros nuevos. En cuanto nos salimos de la medida humana no tenemos otro remedio que confiar en los científicos, quienes, con sus aciertos y rectificaciones se acercan a la verdad y, al mismo tiempo, creer en la Verdad, en la que confluyen todas las verdades y todas las bellezas.

De lo que duda ahora Hawking es de que el horizonte de sucesos sea tan estable y no deje escapar nada. No lo ha explicado bien todavía, pero lo hará en un libro próximo que leeremos sin temor y con temblor, como siempre que emprendemos lecturas inquietantes y de lenta comprensión. Piensa que hace falta una teoría que una las fuerzas de la gravitación con otras fuerzas naturales que permitirían escapes del agujero negro. No está en cuestión el agujero sino el horizonte del que no hay retorno. Traigo estos asuntos a mi columna para hacer ver que las verdaderas novedades de los periódicos están en noticias de este tenor, que, lejos de asustarnos, nos ayudan a aceptar nuestro destino.

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