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La esquina

José Aguilar

jaguilar@grupojoly.com

Ahora, España. ¿Y mañana?

¿Y antes del 'Ahora España'? El discutible concepto de nación. ¿Y después? Lo que le convenga en cada momento

Ha reliado, de momento, la megabandera nacional en la que se envolvió la primera vez que fue candidato a presidente, en 2015. En 2019, en su cuarta oportunidad, ha sustituido la bandera por el lema Ahora, España.¿Ahora, España? ¿Y antes? ¿Y después? Antes, ya saben, era el discutible concepto de nación. Después será lo que a Pedro Sánchez le convenga en cada momento. De lo que salga de las urnas dependerá que necesite o no aliarse con los que quieren acabar con la nación española. Si los necesita, adiós al Ahora España que hoy es el eje de su campaña. Cuarenta veces dijo España en la presentación de su candidatura. Ni Vox lo supera.

No crean que es un patriotismo de conveniencia, sino una forma de entender la política, basada en la ausencia de principios, la versatilidad extrema, o extremista, y el más descarnado pragmatismo. Conforme aumentan las dificultades se intensifica la velocidad de los cambios, virajes y bandazos de Sánchez. Pasaron meses entre la cumbre con Torra como encuentro de partes soberanas, con oferta de relator, y la amenaza de que está dispuesto a aplicar otra vez el 155 a la Generaltitat. Pasó menos tiempo desde que proclamó a Pablo Iglesias socio preferente hasta que confesó que le quitaba el sueño la posibilidad de tener ministros podemitas. Ha pasado menos de una semana entre las cartas del Ministerio de Hacienda a los consejeros de las autonomías advirtiéndoles de que un Gobierno en funciones no podía adelantarles las cantidades a cuenta de la financiación autonómica y el mitin de Pedro en Valencia anunciando que había encontrado, de pronto, un resquicio legal para repartir esos fondos imprescindibles para no asfixiarlas. Pasarán unos días antes de que contemplemos, admirados, nuevos y desahogados discursos, antitéticos de los anteriores.

El caso es que la multiplicación del camaleonismo sugiere que Pedro Sánchez no las tiene todas consigo sobre su reelección. Quizás ha comprendido que su relato autoexculpatorio acerca de la fallida investidura ha calado en los españoles menos de lo previsto, que le hacen a él principal responsable del fiasco, que las elecciones adelantadas las carga el diablo, que el 45% de ciudadanos que consideran a los políticos uno de los tres problemas más graves de España no tienen por qué exceptuar al PSOE de esta creencia, y que la incipiente crisis económica es el peor augurio para un Gobierno que pretenda revalidarse.

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