HABLADURÍAS

Fernando Taboada

Allanando el terreno

SORPRENDE que un periodista curtido como Carlos Piedras haya cometido el fallo de criticar la inauguración de una explanada. Al acto acudió lo más granado del gobierno municipal, sí, pero no era para menos, porque la explanada es de las que hubiera quitado el hipo a Felipe II, en cuyos dominios no se ponía el sol así por las buenas. Sobre el papel puede parecer estrambótico inaugurar con ostentación una explanada, pero no olvidemos que en plena crisis conviene someterse a un plan de austeridad. De algún sitio habrá que recortar gastos, ¿no? A ver si ahora vamos a sentir nostalgia por la época de las obras faraónicas. Creo que harían mal nuestros munícipes si no continuaran por ese camino, inaugurando aquí un terraplén, allá un poyete, acá una tapia, acullá un simple bordillo. Porque inaugurar, habrá que seguir inaugurando como sea.

Además, ¿para qué sirven las obras faraónicas? ¿Cuánta gente podría acudir a un concierto de Madonna en la Mezquita de Córdoba? Ni la mitad que en la explanada de Chapín. Y eso sin contar la molestia de las columnas. Y en la Capilla Sixtina, ¿es posible instalar un circo ruso con cuatro carpas? Pues entonces, ¿a qué viene la crítica? La ventaja que presenta una explanada, si se la compara, por ejemplo, con la torre Eiffel (donde habrá una vista estupenda pero es imposible celebrar un concurso de paellas gigantes), está en el carácter multiusos de la primera. Si la Gimnástica Segoviana C.F. subiera a segunda división, ¿cómo iban a aparcar los aficionados? Ahora, si el lugar que ocupa hoy el acueducto fuera sustituido por un descampado, a ver quién iba a echar de menos un puñado de piedras romanas. Se pongan como se pongan los griegos, el Partenón no da ni la mitad de juego que una explanada. Y sin entrar en detalles sobre lo que debió de costar la broma, hagamos una lista con las utilidades que tiene el puente de Brooklyn, a ver cuál de las dos obras públicas sale ganando. La nuestra, pero de calle.

Será cuestión de averiguar si desde el espacio exterior se la ve bien, como dicen que se ve la Muralla China, pero lo cierto es que desde el miércoles que la inauguraron no han parado de llegar visitantes a Jerez, seguramente atraídos por nuestra flamante explanada.

¿Ve usted, señor Piedras, que no todo es tan simple? Vale que sea un solar, pero un solar que mira al futuro con ilusión. Un escenario propicio para soñar. Tal vez se quedara corta la alcaldesa al decir que es un síntoma de modernización, un espacio de desarrollo, un referente para organizar actividades y un orgullo para la ciudad. Yo añadiría que la explanada abre nuevos horizontes de libertad, que es un área de encuentro, integradora donde las haya, sostenible a más no poder, donde tendrá cabida un nuevo concepto de sociedad y se podrán aliar, en feliz sinergia, vanguardia y tradición. Y es que un descampado lo mismo sirve para organizar una romería que para instalar un mercadillo donde comprar lo último en zapatillas de deporte. ¿Alguien da más?

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