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El lanzador de cuchillos

Anatomía de un asesinato

El día que ETA mató a Miguel Ángel Blanco, Otegi estaba en la playa con su mujer e hijos, "como un día normal"

Se cumplen veintidós años del crimen ominoso de Miguel Ángel Blanco, el joven concejal popular de Ermua, al que unas alimañas enfermas de odio secuestraron y torturaron antes de descerrajarle dos tiros en la cabeza, a sangre fría y por la espalda. De nada sirvió que Euskadi y toda España se echaran a la calle, con sus manos blancas alzadas al cielo, para pedir clemencia a los terroristas.

Nació aquellos días el espíritu de Ermua que, como era previsible en un país como el nuestro, duró poco; fue apenas un destello, un grito ahogado de ira y esperanza, una breve e intensa revolución democrática. Por primera vez, la ciudadanía vasca plantó cara a los asesinos de pensamiento, palabra, obra y omisión. La gente expresó, por fin, sin miedo, su voluntad de vivir libre de atentados, chantajes e imposiciones. Fue un basta ya a ETA y a sus cómplices, pero también a los partidos democráticos, eternamente arrodillados ante el nacionalismo insaciable.

La rebelión de Ermua cambió la forma de mirar el problema: los viejos objetos se movieron y cambiaron de perspectiva. Asustado, el fanatismo separatista se aprestó a desactivar una iniciativa que amenazaba de muerte su hegemonía social y política. Contó para ello con los habituales tontos útiles. Así llegaron el abrazo de Estella, la traición de Perpignan… y el proceso de paz.

El día que ETA mató a Blanco Garrido, mientras millones de españoles, sobrecogidos, se concentraban en las plazas, rezaban en las iglesias o seguían la macabra cuenta atrás por la radio y la televisión, Arnaldo Otegi estaba en la playa con su mujer y sus hijos, "como un día normal", según confesó con cinismo a Jordi Évole en una entrevista. Han pasado dos décadas movidas y hay nuevos actores en la escena política española. Para algunos, Otegi, el tipo que jamás pidió perdón por los crímenes de ETA, es ahora un hombre de paz, al que hay que mostrar presentable ante la opinión pública, por si sus votos son necesarios -otra vez- para investir al presidente del gobierno.

El miércoles, el candidato Sánchez escribió en la red: "La sociedad española se unió entonces como nunca antes para exigir la libertad del concejal. Le asesinaron. La unidad y la democracia lograron vencer al terrorismo años después. La memoria de las víctimas fortalece la paz y la convivencia". Enviado el tuit, dejó el móvil sobre la arena, extrajo de un tubo crema protectora y la extendió con suavidad por la cara y las manos de su amigo Arnaldo hasta dejárselas completamente blancas.

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