La ciudad y los días

carlos / colón

Bangladesh y el comercio justo

SE va camino de alcanzar los 600 muertos en la tragedia de Bangladesh. Doce días después se han rescatado 572 cadáveres y las autoridades temen que aparezcan más. Unas tres mil personas eran obligadas a trabajar en un edificio de nueve plantas que sólo tenía permiso para cinco, construido con malos materiales para uso comercial pero destinado a un uso industrial que obligaba a instalar cuatro generadores y maquinaria cuyo peso y vibraciones acabaron con la frágil, sobrecargada y ruinosa estructura del edificio. Un día antes del desplome la Policía había advertido del peligro.

Pero a quienes se enriquecen explotando a los trabajadores como si fueran esclavos, ¿qué más les daban las grietas? Les importaban tan poco como pagar salarios de hambre por jornadas agotadoras, como meter tres mil criaturas dónde no cabían ni estaban seguras, como alzar nueve plantas cuando se habían autorizado cinco, como meter maquinaria industrial en una frágil estructura construida para uso comercial. Les importaba tan poco como a quienes diseñaron y construyeron el edificio con materiales de poca calidad. Y tan poco como a las grandes marcas que compran a bajo precio esta mercancía hecha con explotación, sudor y sangre para burlar los derechos que tienen los trabajadores en los muy desarrollados y civilizados países que se vanaglorian de poseer esas marcas que lideran el mercado, y así multiplicar sus beneficios.

Les importaba tan poco -también hay que decirlo- como a quienes compran esas prendas impulsados por la inducción y la obsesión consumista, sin tener en cuenta las condiciones de su fabricación. A quienes, en definitiva, ignoran los principios del comercio justo -promovidos por ONG y las Naciones Unidas- haciendo posible la existencia de estas fábricas y talleres de trabajo esclavo: el verdadero rostro del capitalismo cuando no lo frena primero la lucha obrera, después la política y finalmente las leyes que le obligan a respetar los derechos humanos.

Éste -lucha, política, leyes- es el camino que recorrieron Europa o los Estados Unidos para poner límites al capitalismo tras la revolución industrial. Un combate contra nuevas formas de esclavitud que aún no ha terminado, sólo se ha desplazado a los países en los que los trabajadores están más indefensos. En realidad la institución de la esclavitud nunca se ha interrumpido. Sólo ha cambiado de nombre o de lugar. Mañana lo veremos.

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