Nos hemos metido, sin darnos cuenta, en el mes de junio. Las bibliotecas se llenan de estudiantes temerosos de unos exámenes y de una esquiva Selectividad que, este año, crea la mayor de las inquietudes. Últimamente está de moda lo de estudiar en las bibliotecas públicas y, en Jerez, principalmente en la de la UCA. Atrás quedó el dormitorio con la luz del flexo encendida hasta el amanecer, con el vaso de leche materna siempre dispuesto, con la tranquilidad de tu casa y la cercanía de los tuyos. Ahora las frías estancias de las bibliotecas públicas han ganado terreno al calor del cuarto de estudio. Los padres con hijos estudiantes no salimos de nuestro asombro. Podríamos pensar que tales situaciones responden al arsenal de material literario y científico que las mismas pueden proporcionar. Pero, les aseguro por padre de estudiante, que no es el caso. Bibliotecas familiares bien dispuestas, con amplias y variadas posibilidades para encontrar cualquier necesidad, son dejadas de lado por otros espacios bibliotecarios que ofrecen, aparentemente, mejores perspectivas. No pregunten a sus hijos por qué ese acuciante interés en abandonar la calidez del entono familiar y buscar acomodo estudiantil en una biblioteca. No se interesen por lo que sus hijos encuentran en los espacios del Campus de la Asunción. No les digan que está muy lejos y que después se tienen que volver solos. No les intenten convencer con el vaso de leche calentita. Recibirán la más difusa de las contestaciones, el "uf, qué pesao" más displicente o aquello de que "papá, está abierta toda la noche". Como si tu casa tuviera horario de oficinas o los cuartos de estudios cerrarán a la hora de Simago. ¡Si, al menos, sirviera para algo!

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