Bienteveo

Andrés Luis Cañadas

A los políticos no les pagamos el sueldo para que se peleen

Los ciudadanos Si no recuerdo mal, creo que son los únicos asalariados que tienen la facultad de auto fijarse su retribución, acuerdo al que con diligencia y prodigalidad se prestan, nada más tomar posesión de su cargo, priorizando esta decisión sobre otras muchas que en campaña electoral han prometido, a bombo y platillo y que casi nunca llegan posteriormente a materializar… y es que, como afirma el conocido refrán, “una cosa es predicar y otra dar trigo”, si no es para uno mismo, añadiría yo.

Pero al otorgarles su confianza, tras el correspondiente proceso electoral, el ciudadano les habilita para que gobiernen, tratando de solucionar y por supuesto resolviendo los mil y un problemas que toda sociedad padece, pero nunca para que durante su mandato se entreguen con contumacia, como ocurre actualmente en España y desde luego en Jerez, a la descalificación y el menosprecio casi permanente de los demás oponentes políticos y, especialmente, de aquellos que por su proyección social o por pertenecer a un Partido de los ya acreditados en gestión, pues está bien la discrepancia ideológica y el rechazo de otras ideas que no sean las propias, esencia sin duda de la democracia, pero de eso a convertirlo en la piedra angular de una legislatura media un abismo que hastía al ciudadano y provoca su desinterés y su enojo.

Y es que a los políticos no se les paga para que en lugar de dedicarse a gestionar los asuntos públicos empleen gran parte de su tiempo en tratar de desacreditar a sus oponentes, de demostrar que solo valen los ideales que ellos representan, que cualquier idea que pueda partir de la oposición carece del más mínimo valor e interés. Se les retribuye y creo que, con excepciones, menos de lo que debieran por dedicar su tiempo a tarea tan noble como es la de entregarse al servicio de la comunidad; lo que ha impedido en tantas ocasiones que los mejores y más preparados se hayan dedicado a este menester; pero por desgracia de un tiempo a esta parte entre nosotros se ha instalado la inicua costumbre de la descalificación por sistema de “todo aquello que no se me haya ocurrido a mí”, una clara perversión del fin último que debiera marcar la acción y la actitud de aquellos a los que hemos confiado que nos gobiernen, eso sí, retribuidos por los recursos del erario público que a la postre no es otra cosa que la suma de los impuestos que aportamos el conjunto de los ciudadanos que, insisto, no les pagamos para que se peleen…

Así es que ahora, que con el Nuevo Año vienen los buenos propósitos, confiemos en que se imponga la sana costumbre del respeto a quién representa ideas distintas a las nuestras.

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