Una de las tradiciones de nuestra Navidad es realizar brindis. Por la vida, por la paz, por familiares, por amigos, por trabajo. Y en este, mi último artículo del año, quiero compartir mis brindis con el vino de nuestra tierra. Porque nuestro mundialmente sherry, en cada uno de sus tipos, aporta matices diferentes. Como cada uno de los siguientes brindis. Con un buen vino fino, joven, fresco, seco, lleno de salinidad y expresividad brindo por todos aquellos que se dan cada día a los demás, y que nos hacen la vida un poco más fácil. Sirviéndome una copa de amontillado, más oxidativo o más biológico, con esa nariz de frutos secos y esa boca con redondez y gran retrogusto, brindo por aquellos que han conseguido trabajo en este 2019. Y por todos aquellos que han estado a punto y no pierden la esperanza de encontrar su año en 2020. Esa copa de amontillado va, personalmente, por aquellos que confiaron y lo hicieron posible. Gracias. Abro una botella de palo cortado. Ese vino desviado que se convierte en una gran joya enológica. Lleno de nariz. Lleno de sabor. Con una copa de palo cortado brindo por las familias. Por todos los tipos de familias, sin excepción. Personalmente por la que Dios me regaló. Por todos. Mi suerte. Mi felicidad. Cuando abra una botella de oloroso tendré la oportunidad de inundar mi boca de redondez, de potencia, de sabor y de recuerdos. Con una copa de oloroso al cielo, y con brillo en los ojos brindo por los que nos dejaron este 2019, especialmente por mi abuelo Manolo, sonrisa eterna del apellido Román. Y cuando descorche un dulce, ya sea moscatel, pedro ximénez o un cream tan típico en estas fechas, brindaré por los nacieron, por los nuevos padres y por la vida que llega. Ese brindis va especialmente por ti, Blanca, la gran alegría de la casa.

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