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Cabanillas padre

Cualquiera de los candidatos del PSOE podrá decir, sin temor a equivocarse: "Todavía no se sabe quiénes vamos a perder"

En la Transición se hizo célebre una frase de Pío Cabanillas, gallego vocacional y ministrable perpetuo, en la que se mostraba claramente su fina, casi invisible, superioridad dialéctica. Preguntado por el posible resultado de unas elecciones, don Pío respondió galanamente: "Todavía no se sabe quiénes vamos a ganar". De donde quedaban claras dos cosas: que don Pío siempre se contó entre los ganadores, y que la Transición se hizo gracias a hombres de un acusado sentido práctico. Traigo aquí esta frase don Pío no por un ataque de nostalgia, de la cual carezco, sino porque su respuesta, su malicioso hallazgo, es perfectamente aplicable al PSOE, sólo que en sentido inverso. Hagan lo que hagan en esta devoración que se aproxima, cualquiera de los candidatos podrá decir, sin temor a equivocarse: "Todavía no se sabe quiénes vamos a perder".

Y ése es el problema, el enorme problema, la maldición de Cabanillas padre (Cabanillas hijo fue ministro de Aznar y antes director del Ente), al que se enfrenta el PSOE, conforme avanza su duelo a garrotazos. Ahora hemos sabido que Javier Fernández le comunicó a Rajoy su negativa a apoyar los presupuestos, quizá con un punto de melancolía en los ojos. Esto ocurrió así, no porque Fernández estuviera en desacuerdo con el presupuesto, sino porque el PSOE, en su actual discordia, no puede permitirse la menor proximidad al PP si quiere que Susana Díaz salga victoriosa de esta derrota. De modo que el PNV y Nueva Canarias se subrogan en el puesto de mantenedores presupuestarios, mientras los candidatos se dirigen, cada uno por su lado, a su particular Aljubarrota. ¿Qué beneficio obtendrá el PSOE de esta fingida incomprensión, que escora hacia el PNV los presupuestos? Acaso ninguno. Recuerden los versos de Pessoa, traducidos por Ángel Crespo: "El poeta es un fingidor./ Finge tan completamente,/ que hasta finge que es dolor/ el dolor que en verdad siente".

Quiere esto decir que los fingidos desacuerdos del PSOE bien pudieran terminar siendo verdaderos, y que esta falsa enemistad puede acabar en la enemistad manifiesta de Pedro Sánchez. El PSOE se halla en un vasto proceso de reconversión y, por tanto, poco dado a la "visión de Estado". Quién será el nuevo timonel es algo que desconocemos. Como tampoco sabemos si habrá timón siquiera. Una lectura imparcial de Cabanillas padre, sin embargo, no nos revelará el arcano: quiénes vamos a perder en este proceso, ni el cómo de ese cuánto.

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