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Desde los tiempos de Guerra nadie ha mandado tanto en el PSOE como Pedro Sánchez. Felipe y Alfonso lo refundaron desde el congreso de Suresnes en 1974 y Sánchez lo ha sacado del abismo tras la crisis y el auge de Podemos. Ahora nadie le chista y Pedro cobra facturas; en Andalucía también. Primero cayó Antonio Pradas, ahora abaten a Mario Jiménez. ¿Quién será la próxima? Hay precedentes. En 1985 el presidente de la Junta y secretario general de los socialistas andaluces Rodríguez de la Borbolla decidió que el núcleo de la Ejecutiva regional fuesen dirigentes con cargos en Andalucía. Pretendía deshacer ataduras con el guerrismo, gendarme federal.

Aquella idea de Borbolla que desde fuera se veía razonable, la tomó Guerra como una desobediencia. El IV Congreso del PSOE-A a primeros de marzo en Sevilla fue tremendo. Yáñez, sustituido como presidente del partido, explicó que Alfonso le había dicho a Pepote que se iba a enterar. Y se enteró. Inmediatamente cayó José Caballos, un muñidor de la operación. Guerrra consiguió su destitución como secretario de Sevilla. El segundo eliminado fue quien sustituyó a Yáñez, Antonio Ojeda, presidente del Parlamento andaluz; candidato al Congreso en 1986 con la promesa de ser presidente de la Cámara. Incumplido el compromiso, dimitió como diputado.

Después descabalgaron a José Miguel Salinas, vicepresidente del Gobierno andaluz y vicesecretario regional, presentado a la Alcaldía de Córdoba para acabar como concejal. El propio Borbolla fue sustituido en 1988 en el siguiente congreso como secretario por Carlos Sanjuán. La nueva ejecutiva puso de candidato a presidente en 1990 a Manuel Chaves, contra su voluntad. Con Borbolla cayó Gaspar Zarrías, secretario de Organización del IV Congreso y consejero de Presidencia. Algunos sufrieron el síndrome de Escarlata O'Hara y se juraron que jamás volverían a estar en minoría. Pero Caballos lo olvidó, desafió a Chaves en 2004 y perdió otro congreso en Sevilla.

Ahora se repite la historia. La rebelión de Susana para echar a Pedro en 2016 tuvo tres protagonistas destacados. El diputado Pradas recabó y entregó las dimisiones de miembros de la ejecutiva para forzar el cese de Sánchez. Verónica Pérez, la secretaria de Sevilla, se plantó en Ferraz para autoproclamarse "única autoridad del partido". El tercer hombre de esta intriga fue Mario Jiménez, portavoz socialista en el Parlamento andaluz, hombre fuerte de la gestora que sustituyó a Sánchez y convocó las primarias que debía ganar Susana y perdió estrepitosamente. Ahora Díaz hace cambios tras su doble derrota: la pérdida de San Telmo y la consagración de su mortal enemigo Sánchez como líder indiscutido del PSOE. Ambas le dejan poco espacio. Pradas perdió su puesto de diputado. Ahora es despedido Jiménez de la portavocía. Queda la pregunta de quién será la próxima. El manual guerrista establece un orden...

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