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La cultura de la cancelación impuesta por la extrema izquierda ha provocado una reacción en sentido contrario

Siempre ha habido una obsesión por prohibir cosas que nos disgustan o nos molestan, pero en los últimos cincuenta años habíamos llegado -aunque sólo fuera en Occidente- a un pacto de tolerancia que nos permitía admitir las ideas y expresiones incómodas con una cierta indiferencia. Ahora, sin embargo, parece que hemos entrado en una nueva fase en la que las ideas y las manifestaciones artísticas molestas ya no van a gozar de la misma libertad. Desde que se introdujo la "cultura de la cancelación" en las universidades americanas, cualquier profesor o artista puede verse boicoteado o incluso despedido de su trabajo si defiende una postura que pueda resultar inaceptable por parte de un colectivo que se sienta atacado o perjudicado.

En estos últimos años, los casos no han dejado de sucederse. Uno de los más famosos es el de la escritora JK Rowling, cuyas novelas de Harry Potter han sido prohibidas en varias escuelas de Inglaterra y Estados Unidos porque su autora se ha manifestado muy crítica con ciertos postulados de las leyes trans que ella considera lesivos para las mujeres. Puede parecer una tontería, pero que una escuela prohíba las novelas de Harry Potter por una simple opinión de su autora es una señal de que algo muy grave está pasando.

En España no hemos vivido los estragos de la "cultura de la cancelación" -al menos de momento-, aunque todos sabemos que hay cosas que "es mejor no decir" en público por la cuenta que nos trae. Hace poco, un humorista fue juzgado por un chiste -idiota y de muy mal gusto- sobre una niña con discapacidad. El humorista fue absuelto, pero se salvó por los pelos de ir a la cárcel. ¿Habría sido justo meter en la cárcel a ese humorista por un simple chiste, por estúpido que fuera el chiste? Dejo ahí la pregunta.

El problema de la cultura de la cancelación impuesta por la extrema izquierda es que ahora tiene que enfrentarse a la reacción que ha provocado en sentido contrario. En varios lugares de Estados Unidos, alcaldes y gobernadores ultraconservadores se permiten prohibir en escuelas y bibliotecas públicas ciertos libros de temática LGTBI que consideran inadmisibles. Los que introdujeron la "cultura de la cancelación" -gente lista, sin duda- no previeron que toda amenaza a la libertad de expresión podría tener unas consecuencias indeseadas. Y en esas estamos.

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