Que conste que el cartel, como la Semana Santa, ni me va ni me viene. O por lo menos no me preocupa en absoluto. Pero como esto es una columna de opinión, opino. Y opino del cartel de Semana Santa presentado hace dos o tres días.

No me parece estéticamente feo. El fondo negro y el rojo de la cruz de Jerusalén es muy bonito. El dorado de la canastilla que aparece me gusta. Otra cosa es que la composición destaque las muchas virtudes de la Semana Mayor de Jerez, y la verdad es que no, que no se ve un pijo. Que no es capaz de transmitir a cualquier foráneo, extranjero o vecino que lo vea, una mínima parte de su grandeza.

Pero tampoco creo que sea para rasgarse las vestiduras. Y más si lo comparamos con el auténtico maaaaaamarracho que han hecho en Málaga, con un cartelito que parece pintado por un grafitero del Metro de Madrid o Barcelona.

Además, creo, no hay de qué preocuparse. Hoy por hoy, y desde ya mismo, saca carteles anunciando la Semana Santa desde la nueva cofradía del barrio equis, hasta la frutería de Manolo, que no ve un paso ni por casualidad, pero tiene un cartel cojonudo de su primo Ambrosio, que es un capillita irredento, y además vende una chirimoyas estupendas (Manolo, no Ambrosio).

Chorradas aparte, no creo que sea necesario hacer un mundo de un cartel. Para gustos están los colores, y polémicas y opiniones es bueno que haya. Debate, porque es movimiento, y no la asepsia que, de corriente, suele invadir Jerez para otra serie de cuestiones de mayor calado.

Sea como sea, la Semana Santa, que en Jerez se convierte en Año Santo, porque a la mínima tenemos una procesión en la calle, una banda tocando y un puñado de calles cortadas, creo que a estas cosas no hay que darles la menor importancia. Servirá, en todo caso, para llenar tertulias cofrades en la radio y la tele. Que les aproveche.

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