TRIBUNA LIBRE

Susana Esther Merino Llamas

Carta a un amigo: al padre Jesús

QUERIDO Jesús: ¿Cómo estás?. Imagino que mucho mejor que nosotros. Seguro que habrás gozado de una triunfal bienvenida a tu llegada a la Casa del Padre, pero por aquí, qué contarte, aunque ya desde la Gloria lo estarás viendo; abatidos y desolados por tu marcha, sufriendo todos los que te queremos un duelo interior que nos aplasta el alma como el peso de la losa del sepulcro.

Amigo mío, te fuiste sin decir nada, sin previo aviso y de puntillas para no hacer ruido, por eso, el dolor hace aún más mella en nuestro corazón al saber que no podremos más sentir el arropo de tu abrazo, la seguridad en tu palabra y en tu consejo, la bondad que emanaba tu corazón, y como no, reírnos desmedidamente en la puerta de nuestra Sacristía, con los chistes y chascarrillos alusivos a tu Herencia natal. En fin, son tantos y tantos momentos vividos a tu lado, que no habría páginas ni tinta suficientes para reflejar todos estos años de verdadera amistad, donde han tenido cabida la risa y el llanto, la alegría y el dolor, y donde hemos aprendido la lección más importante que tú nos enseñaste día a día, y que resumiste tan bien en la presentación de nuestro gran amigo el Padre Felipe en su pregón: El amor, con amor se paga.

Por eso, aunque he de confesar que nunca he sido muy amiga de los honores a título póstumo, contigo, una vez más, se rompen los esquemas porque nos has hecho herederos de un legado lleno de plenitud y vida, la misma que te dejó la sonrisa dibujada en tu rostro, el pasado 3 de Abril para entrar por la Puerta Grande de los Cielos, por donde sólo tienen cabida las personas justas y de bien, en definitiva, los que son como tú, merecedores de ocupar los altares.

Quiero aprovechar también estas líneas para felicitar al Morenito de la Virgen por haber tenido el privilegio de tenderte su mano para llevarte junto a su Madre y la Nuestra, para que fueras eternamente el trovador que quiso entregar su vida para susurrarle en persona las plegarias más bellas cual alondra que en Ella tendrá por siempre su nido.

Y ya que estás cara a cara con el de las manos atadas que tanto también veló por ti en su morada mercedaria, pídele que derrame su Consuelo sobre nuestras almas, y que la "Morena Clara", a quien no con falta de razón tanto piropeaste por su infinita belleza, nos arrope con el manto de su Misericordia y nos haga entender que le haces falta bien cerca, porque junto a Ella, cuidarás de todos los que te quisimos, te queremos, y te querremos por siempre. ¡Ah!, y sigue por favor con tu labor de panadero, pero ahora Divino, para que cuando nos volvamos a ver cuando el Altísimo así lo quiera, nos invites a esa hornada que amasada por tus manos, seguro nos sabrá a Gloria.

Padre Jesús, goza de la vida eterna y dale un beso muy fuerte de mi parte a nuestra amantísima Madre de la Merced y a su Morenito. Hasta la próxima amigo Jesús.

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